Jueves Santo
Nuestro Señor, en una manifestación extrema de amor divino por sus hijos en este mundo, en la víspera de su crucifixión, resurrección y ascensión al cielo, instituyó el sacramento eucarístico en la Última Cena, la postrera con los apóstoles, para no abandonarnos nunca, permaneciendo en la tierra, quedando físicamente presente en el sagrario. No apenas de manera simbólica, sino realmente presente bajo las apariencias de las sagradas especies consagradas (el pan y el vino). Así, estando siempre entre nosotros —para escuchar nuestras súplicas y atenderlas, cuando fuere necesario para nuestra salvación eterna— cumplió con esta promesa divina: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos” (Mt 28, 20).
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Devociones marianas en el mundo |
La Niña María, talla en madera de Francisco Salzillo, 1769, Monasterio de Santa Ana, Murcia, España |
Artículo de portada
La Natividad de la Santísima Virgen El día en que nació la Reina del Cielo fue uno de los más bellos en la historia de la humanidad: anunciaba a la tierra proscrita la inminencia de la liberación hacía tanto tiempo esperada... |
Palabras del Director V
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