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Plinio Corrêa de Oliveira
En la Iglesia Católica —como era en los buenos tiempos anteriores al modernismo—, cuando un obispo entraba en agonía, inmediatamente la primera preocupación de la Iglesia era enviar a un sacerdote para que lo confesara y le perdonara sus pecados. Si fallecía, comenzaban las oraciones por su alma, para liberarlo del Purgatorio. Si se trataba de un obispo santo, los fieles intentaban obtener alguna reliquia suya y rezaban por él. Este es el equilibrio de la Iglesia Católica, inspirada por el Espíritu Santo. Hay un espíritu de verdad en este admirable equilibrio, por el cual Ella aclama las virtudes de sus miembros con admiración, con seriedad, con una enorme confianza, pero al mismo tiempo con la noción de que los hombres pueden ser pecadores y miserables. Por eso hay que rezar por ellos. Se encargaban misas en las iglesias y se convocaba al pueblo para rezar por el alma del obispo. Todo equilibradamente, como quien dice: “Vamos a rezar por el miserable que fue tan formidable, pero puede ser que este buen obispo esté pagando en el Purgatorio por las faltas que cometió”. Esas eran las costumbres de la Iglesia, señalando los aspectos formidables y las facetas miserables de la naturaleza humana. Este equilibrio nos proporciona una paz de alma extraordinaria y nos hace bien incluso para los nervios. En paz, la Iglesia actúa sin ocultar nada. En esta forma de actuar entra la sabiduría de la Iglesia, entra la virtud de la justicia impregnada de bondad. Es una síntesis de las virtudes. Todo en la Iglesia es razonable, no es solo una actitud emocional, sino que en todo existe una sólida razón de ser.
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Santuario universal por las almas del Purgatorio |
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