Es de advertir que en este orden de cosas que pertenecen a la fe cristiana hay deberes cuya exacta y fiel observancia, si siempre fue necesaria para la salvación, lo es incomparablemente más en estos tiempos. Porque en tan grande y universal extravío de opiniones, deber es de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que está obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas. Pero cuando la necesidad apremia, no solo deben guardar incólume la fe los que mandan, sino que “cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles” (Suma Teológica 2. 2ae. 3, 2 ad 2). Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde, o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. Y tanto más se ha de vituperar la desidia de los cristianos cuanto que se puede desvanecer las falsas acusaciones y refutar las opiniones erróneas, ordinariamente con poco trabajo; y, con alguno mayor, siempre. Finalmente, a todos es dado oponer y mostrar aquella fortaleza que es propia de los cristianos, y con la cual no raras veces se quebrantan los bríos de los adversarios y se desbaratan sus planes. Fuera de que el cristiano ha nacido para la lucha, y cuanto esta es más encarnizada, tanto con el auxilio de Dios es más segura la victoria. “Confiad: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). Y no oponga nadie que Jesucristo, conservador y defensor de la Iglesia, de ningún modo necesita del auxilio humano; porque, no por falta de fuerza, sino por la grandeza de su voluntad, quiere que pongamos alguna cooperación para obtener y alcanzar los frutos de la salvación que Él nos ha granjeado.
S.S. León XIII, Encíclica Sapientiae Christianae, Acerca de las obligaciones de los cristianos, 10 de enero de 1890 apud https://mercaba.org/LEON%20XIII/sapientiae_christianae.htm.
|
Imprescindible devoción contra la frialdad religiosa |
|
Arma poderosa para destruir las herejías modernas Si las gentes creen y confiesan que la Virgen María, desde el primer momento de su concepción, estuvo inmune de todo pecado, entonces también es necesario que admitan el pecado original, la reparación de la humanidad por medio de Cristo... |
|
El padre y la madre son los mejores maestros; el hogar es la mejor escuela Un amigo me sugirió, debido a graves daños causados a los niños por la seudo “educación sexual” en las escuelas, que expusiera cómo tal educación debería ser puesta en práctica. Esto porque existen padres, hasta de familias católicas, que debido a la vida moderna y al... |
|
El amor a la Cruz y la necesidad de la inmolación Después de un día de mucha tristeza y temor al verme con tan pesada carga encima y tantas dificultades que vencer, al comulgar al día siguiente me consoló Nuestro Señor y me hizo comprender que no debía preocuparme de cómo, ni cuándo, ni con qué éxito llevaría a cabo la Obra... |
|
Lucía describe la visión del infierno La Santísima Virgen, a fin de favorecer la conversión de los pecadores empedernidos y evitar así que caigan en los tormentos eternos, en la tercera aparición (13 de julio de 1917) mostró el infierno a los tres confidentes de Fátima... |
|
La ardilla La ardilla es un juguete que Dios creó para el hombre. Para que sonría y dejarlo encantado. ¡Una maravilla de delicadeza, de levedad! Una sonrisa de Dios, que hace sonreír al hombre!... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino