Verdades Olvidadas Obligación de propagar la fe

Tumba de León XIII en la Basílica de San Juan de Letrán, Roma

Es de advertir que en este orden de cosas que pertenecen a la fe cristiana hay deberes cuya exacta y fiel observancia, si siempre fue necesaria para la salvación, lo es incomparablemente más en estos tiempos. Porque en tan grande y universal extravío de opiniones, deber es de la Iglesia tomar el patrocinio de la verdad y extirpar de los ánimos el error; deber que está obligada a cumplir siempre e inviolablemente, porque a su tutela ha sido confiado el honor de Dios y la salvación de las almas.

Pero cuando la necesidad apremia, no solo deben guardar incólume la fe los que mandan, sino que “cada uno esté obligado a propagar la fe delante de los otros, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles” (Suma Teológica 2. 2ae. 3, 2 ad 2).

Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde, o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del nombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos.

Y tanto más se ha de vituperar la desidia de los cristianos cuanto que se puede desvanecer las falsas acusaciones y refutar las opiniones erróneas, ordinariamente con poco trabajo; y, con alguno mayor, siempre. Finalmente, a todos es dado oponer y mostrar aquella fortaleza que es propia de los cristianos, y con la cual no raras veces se quebrantan los bríos de los adversarios y se desbaratan sus planes. Fuera de que el cristiano ha nacido para la lucha, y cuanto esta es más encarnizada, tanto con el auxilio de Dios es más segura la victoria. “Confiad: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

Y no oponga nadie que Jesucristo, conservador y defensor de la Iglesia, de ningún modo necesita del auxilio humano; porque, no por falta de fuerza, sino por la grandeza de su voluntad, quiere que pongamos alguna cooperación para obtener y alcanzar los frutos de la salvación que Él nos ha granjeado.

 

S.S. León XIII, Encíclica Sapientiae Christianae, Acerca de las obligaciones de los cristianos, 10 de enero de 1890 apud https://mercaba.org/LEON%20XIII/sapientiae_christianae.htm.

‹ Palabras del Director El terror de la píldora abortiva ›
El terror de la píldora abortiva ›
‹ Palabras del Director



Tesoros de la Fe N°274 octubre 2024


Imprescindible devoción contra la frialdad religiosa
Palabras del Director Obligación de propagar la fe El terror de la píldora abortiva Santa Margarita María Alacoque San Hilarión, el Grande ¿Se puede dar la comunión fuera de la misa? Tipos humanos característicos Exposición pública de un cuadro



 Artículos relacionados
Ultrajes a Jesucristo en los días de Carnaval No es sin una razón mística que la Iglesia nos propone la meditación de Jesucristo prediciendo su dolorosa Pasión. Como nuestra buena Madre, quiere que nosotros, sus hijos, nos unamos a ella para compadecer a su divino Esposo y consolarlo con nuestras oraciones,...

Leer artículo

Entrevista al Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica Recordando algo muy olvidado: la moral católica EL EMMO. CARDENAL Raymond Leo Burke fue recientemente entrevistado por la Srta. Izabella Parowicz, de la revista “Polonia Christiana”, de Cracovia...

Leer artículo

San Ireneo de Lyon Ireneo nació en el siglo II, probablemente en Esmirna (actual Izmir, en Turquía), entre los años 130 y 135...

Leer artículo

Santa Margarita Clitherow SE PUEDE AFIRMAR que no existe odio mayor que aquel que se levanta contra la verdad religiosa. Tenemos un ejemplo de ello en el refinamiento de crueldad con que fueron tratados los primeros cristianos. Y también en el sufrimiento de los católicos durante la seudo Reforma Inglesa de los siglos XVI y XVII...

Leer artículo

Una mañana del Conde de Lemos El imponente virrey del Perú, como íntegro discípulo de Jesús que era, armonizaba una gran severidad en lo concerniente a la moral y a la autoridad legítima, con un gran espíritu de piedad y constructiva benevolencia...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino