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El rock and roll ejercía en el pasado una mayor atracción hacia la juventud, superado ahora por otros sonidos superlativamente cacofónicos y aberrantes. Sin embargo, no cabe duda que continúa sirviendo como medio de iniciación a la irracionalidad, al desvarío e incluso al satanismo para un segmento nada despreciable de jóvenes. ¿Jóvenes?, digamos. Las bandas de rock se van envejeciendo y no es fácil encontrar quién las reemplace.
Sobre todo los “ídolos” rockeros han superado todos los límites de edad para el ejercicio de su profesión, a la que indebidamente llaman “arte”, pero no encuentran substitutos a su altura. Caso característico es el de Mick Jagger, vocalista de los Rolling Stones, que alguna vez fue apresado junto con una de sus enamoradas por portar drogas, y en todas partes se ha estado envolviendo en escándalos con actrices o modelos, pues la moralidad no rima bien con el rock. Ya “los primeros álbumes de los Stones traen referencias explícitas al diablo, presente en las portadas de los discos y en las letras de sus músicas”. Ahora, con 70 años, Jagger es aún lo mejor que la propaganda tiene para ofrecer en esta materia. Lo más grave, sin embargo, en la carrera de este “astro” —como del rock en general— es la difusión práctica del satanismo en materia de música y arte. Una reciente biografía de Mick Jagger, escrita por el periodista Philip Norman, trata ampliamente de sus desvaríos en materia de sexo y drogas. Una recensión del libro publicada en un conocido matutino lo dice todo. Se trata de un “superstar arrogante, tacaño, narcisista y predador, en fin un Casanova poco preocupado con sus presas sexuales, incluidos ahí mujeres y hombres”. El biógrafo habla de la “atracción sexual del primer empresario de los Stones, Andrew Oldham, por Jagger”. Oldham “trabajó con Mary Quant, la creadora de la minifalda”. Marianne Faithfull, una de las enamoradas del vocalista, “tendría mucho que decir, especialmente sobre la adhesión de Jagger al satanismo”. El demonio tuvo un gran papel en la vida de Jagger, pues su biógrafo no sólo “culpa a Satán por todo el mal que persiguió a los amigos de Jagger y a los actores secundarios de sus películas”, como “coreaba la vieja historia del cantante de blues Robert Jonson, que habría hecho un pacto con el demonio para alcanzar el éxito”.
Influenciado por la obra El maestro y Margarita del ruso Mikhail Bulgákov, Jagger compuso la canción Sympathy for the Devil (Compasión por el demonio). “En síntesis, Bulgákov dice que el gran triunfo de Satán fue el de poner a Poncio Pilatos en el camino de Jesús, rehusándose a salvarlo de la Cruz. Jagger actualiza el baile organizado por el demonio, en el libro del ruso, y habla de algunas celebridades históricas que heredaron el bastón de Pilatos: Hitler es el protagonista de la canción de Jagger, pero hay lugar para los bolcheviques que mataron a la familia real […] Jagger quería llevar El maestro y Margarita a la pantalla. Él, naturalmente, haría el papel de Satán”. El vocalista “pasó a interesarse mucho por el satanismo y la magia negra, especialmente por la obra del brujo Aleister Crowley […]. Una de las enamoradas de Jagger, la actriz alemana Anita Pallenberg, era bruja […]. Él aceptó actuar en una película maldita de Kenneth Anger, Lucifer Rising (La Ascensión de Lucifer)[…]”. ¡Tales son los modelos que ciertos medios de comunicación presentan a la juventud! Razón suficiente para las lágrimas de Nuestra Señora.
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