Creador inefable, que en los tesoros de tu sabiduría has establecido tres jerarquías de Ángeles, y las has colocado sobre el cielo empíreo con orden admirable y has dispuesto admirablemente todas las partes del universo. Tú, pues, que eres considerado verdadera fuente de la luz, y principio eminentísimo de la sabiduría, dígnate infundir un rayo de tu claridad en las tinieblas de mi inteligencia, alejando de mí las dos clases de tinieblas con las que he nacido: la del pecado y la de la ignorancia. Tú, que sueltas las lenguas de los niños, prepara mi lengua e infunde la gracia de tu bendición en mis labios. Concédeme la agudeza para entender, la capacidad para asimilar, el modo y la facilidad para aprender, la sutileza para interpretar y la gracia abundante para hablar. Instruye el comienzo, dirige el desarrollo, completa la conclusión. Tú, que eres verdadero Dios y hombre, y que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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La escritura manual: imprescindible en el colegio Digitalización vs. enseñanza tradicional |
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La Iglesia autoriza el culto a Nuestra Señora de Fátima Réstanos, amados hijos en Nuestro Señor, advertiros que, si para nosotros es un gran motivo de alegría y consolación la gracia que la Santísima Virgen nos concedió, mayor es la obligación de corresponder a su bondad... |
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La moralidad es el fundamento del orden social ASÍ COMO EL RAYO DE SOL entra por una rendija de la ventana para formar un pequeño escenario de luces y de sombras, así también la madre católica debe crear alrededor suyo, por su modo de ser, un ambiente propicio para la formación del subconsciente de sus hijos, haciendo con que las primeras nociones de moralidad y de buen comportamiento echen raíces en ellos... |
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Santa Helena, Emperatriz Flavia Julia Helena, madre de Constantino el Grande, nació a mediados del siglo III, posiblemente en Drépano, en Bitinia (Asia Menor), más tarde llamada Helenópolis, en el golfo de Nicomedia. Sus padres eran de origen humilde... |
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Las milagrosas fuentes de agua de Fátima Los habitantes de Fátima y de las poblaciones aledañas, para tener agua en sus casas, se veían obligados a recoger en depósitos la lluvia que escurre de los aleros de las casas... |
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Tres caras de la Revolución aexplosión protestante del siglo XVI, la Revolución Francesa, la Revolución Comunista constituyen algo como tres fases de un movimiento inmenso, que es uno por el espíritu, por los objetivos y hasta por los métodos. En la fisonomía de tres de sus líderes queremos mostrar hoy algunos de los trazos de alma de este movimiento, es decir, algo del espíritu de la Revolución... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino