Página Mariana Nuestra Señora de Montserrat

Patrona de Cataluña

La devoción a la Virgen de Montserrat se remonta a los primeros siglos del cristianismo y ha perdurado a lo largo de los tiempos como uno de los cultos marianos más emblemáticos de España y particularmente de Cataluña.

Pablo Luis Fandiño

Montserrat es un macizo rocoso que se yergue espléndido hasta alcanzar los 1.236 metros de altura, ubicado a 60 km al noroeste de la ciudad de Barcelona. Su nombre proviene del catalán y significa “montaña serrada” o “monte aserrado”. Esta denominación hace referencia a la singular geografía de la montaña, caracterizada por sus formaciones rocosas de aspecto dentado y picos irregulares. Según relatos históricos, esta apariencia inspiró a los primeros habitantes de la región a darle este nombre.

El cristianismo llegó a la península ibérica en la era apostólica, y con él, la devoción a la Virgen María se expandió rápidamente entre las nacientes comunidades cristianas. Cataluña, al igual que otras regiones de la Hispania romana y visigoda, fue testigo del surgimiento de numerosos santuarios marianos, entre los cuales Montserrat ocupa un lugar preeminente.

D. Joan M. Mayol OSB junto a La Moreneta en su camarín

Según una milenaria tradición, la imagen de la Virgen de Montserrat fue hallada en el siglo IX en una cueva de la montaña. Durante la ocupación musulmana de la península, muchas imágenes sagradas fueron ocultadas por los fieles para protegerlas de la profanación. Se conjetura que la imagen de Montserrat fue escondida en una gruta y posteriormente descubierta por unos pastores que vieron luces misteriosas en la montaña:

“Era esto un sábado al anochecer . Al principio quedaron aquellos pobres pastores como atónitos y espantados, sin atreverse a revelar este secreto, y sin saber qué partido tomar. Dieron largas al asunto y esperaron. El sábado siguiente a igual hora se les ofreció el mismo caso tan singular; pero esta vez, a las estrellas y luces que vieron el sábado anterior, se añadieron hermosos cánticos, que no podían salir sino de los mismos ángeles.

“Al llegar aquí no pudieron ya guardar más el secreto. Lo revelaron a sus amos, quienes quisieron también ser testigos del prodigio. Al efecto, fueron el sábado siguiente con sus pastores al lugar indicado, y apenas el sol se había hundido en el ocaso, empezaron a brillar en él estrellas muy hermosas y luces extraordinarias, y se oyeron ángeles que cantaban preciosas melodías, haciendo comprender que aquel lugar ocultaba algún riquísimo tesoro”.

Recurrieron entonces al prelado, quien determinó ir en persona a la montaña. El sábado siguiente, 25 de abril de 880, partió el obispo “con gran multitud de sacerdotes y pueblo, y apenas llegaron, entrada la noche, al lugar referido, se repitió el milagro, que todos presenciaron. Oró y gimió el buen Pastor para que el cielo le revelase su significación. A la mañana siguiente, domingo, se dirigió impávido al lugar señalado por las aparecidas estrellas, y entre arbustos y malezas encontró en una cavidad de la roca la imagen de María”.1

Cuando la autoridad episcopal ordenó trasladar la imagen a Manresa, ocurrió un prodigio: la imagen se tornó tan pesada que fue imposible moverla. Este milagro fue interpretado como señal de que la Virgen deseaba que su imagen permaneciera en Montserrat, y en aquel mismo lugar se edificó un santuario en su honor.

Descripción de la imagen

Fray Pedro de Burgos OSB (1463-1536), quien fuera abad de Montserrat, canonista, catedrático, procurador general e historiador, retrata a la Virgen de este modo: “Es figura de una noble señora, de más que mediana edad; pero la hermosura de su rostro es admirable, y llena de consuelo, su gravedad inclina a reverencia; el color es moreno, y los ojos muy vivos y hermosos; tiene autoridad celestial, y mueve a veneración tan grande, que los monjes, a cuyo cargo está el vestirla, apenas osan levantar los ojos para mirarla. Tiene a su Santísimo Hijo, en la proporción de un niño de tres a cuatro meses, sentado sobre sus preciosas rodillas”.2

Una devoción medieval

Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat en Lima y su preciosa imagen

A lo largo de la Edad Media la devoción a la Virgen de Montserrat, conocida cariñosamente como La Moreneta, fue creciendo y atrajo la atención de nobles y clérigos. El establecimiento del monasterio benedictino en el siglo XI consolidó su papel como uno de los principales centros de peregrinación en Europa. La orden benedictina promovió su culto con liturgias solemnes, cantos gregorianos y la conservación de manuscritos consignando los prodigios operados.

El monasterio era riquísimo por las grandes donaciones y propiedades que poseía, debido a la generosidad de los reyes y a la piedad de los fieles.

En los siglos posteriores, figuras de la nobleza manifestaron gran veneración hacia La Moreneta, incrementando aún más la popularidad de su culto. Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, los Reyes Católicos, subieron a Montserrat acompañados por sus hijos luego de la rendición de Granada, en agradecimiento por la protección de la Virgen durante la Reconquista.

Otro monarca con sincera y profunda devoción mariana fue Felipe II, quien visitó en cuatro oportunidades el santuario. La primera vez, en su juventud, para encomendarse a la Virgen de Montserrat antes de asumir el gobierno de sus vastos dominios.

El vencedor de Lepanto, D. Juan de Austria, al regresar de esta célebre batalla dejó a los pies de La Moreneta como trofeo algunas banderas arrebatadas a los turcos y el gran farol que Alí Bajá, el comandante musulmán, llevaba en su galera La Sultana.

Ilustres peregrinos

Montserrat ha sido un destino de peregrinación al que han acudido numerosos santos. Entre los más notables se encuentran san Juan de Mata, fundador de los Trinitarios; san Pedro Nolasco, fundador de la Orden de la Merced; o san Vicente Ferrer, llamado el “ángel del Apocalipsis”. San Luis Gonzaga, san Francisco de Borja, san Antonio María Claret y el beato Raimundo Lulio también visitaron a la Virgen de Montserrat.

“San Ignacio de Loyola antes de fundar la compañía de Jesús, la más poderosa y extraordinaria asociación de los tiempos modernos, en la noche del 24 de marzo de 1522 hizo la velada de sus armas, según los usos y costumbres de la antigua caballería. Después de haber pasado la noche en oración y haberse solemnemente consagrado a la Virgen como su caballero y campeón, según las ideas guerreras que aún conservaba en la cabeza el antiguo soldado herido en Pamplona, colgó su espada de un pilar de la iglesia en señal de que renunciaba a la milicia secular, y se marchó desde Montserrat a dar principio a su grandiosa obra”.3

La Orden Benedictina y los mártires de Montserrat

Hace exactamente mil años (1025-2025) que el santuario de Montserrat quedó bajo los cuidados de la Orden de San Benito. Durante este largo periodo los monjes benedictinos han mantenido con tesón la devoción a la Virgen a pesar de las vicisitudes de los tiempos.

El monasterio ha desempeñado un papel fundamental en la vida religiosa de Cataluña, dando testimonio de la fe cristiana por medio de la liturgia, la predicación y la escolanía de Montserrat: un coro de niños cantores con más de 700 años de existencia, del cual salieron grandes maestros, músicos y compositores.

Y también con la vida… El 13 de octubre de 2013 fueron beatificados en Tarragona 522 mártires del siglo XX, en la que ha sido la ceremonia de beatificación más numerosa en la historia de la Iglesia. Entre ellos figuran veinte monjes de Montserrat que fueron asesinados entre 1936 y 1937, durante los aciagos días de la Guerra Civil Española.

El culto a la Virgen de Montserrat en el Perú

El arribo de la devoción a La Moreneta al Nuevo Mundo se dio en el contexto de la evangelización. Los misioneros y conquistadores españoles trajeron consigo su fe y sus advocaciones marianas más preciadas.

En el Virreinato del Perú, su devoción fue impulsada por D. Bartolomé Lobo Guerrero, tercer arzobispo de Lima y sucesor de santo Toribio de Mogrovejo. Su celo pastoral llevó a la promoción de templos en su honor y a la consolidación de su culto.

Lima, la Ciudad de los Reyes, contó desde el siglo XVII con una iglesia dedicada a Nuestra Señora de Montserrat, gracias al apoyo de comerciantes catalanes que trajeron de España una réplica de la milagrosa imagen. Este templo, ubicado en el extremo noroccidental de la ciudad amurallada, se convirtió en un centro de devoción mariana y de promoción de la fe cristiana en la región.

La actual parroquia muy pronto se convirtió en punto de encuentro de los fieles, destacándose en las festividades religiosas de la capital. Durante su fiesta, el 27 de abril, se realizaban grandes procesiones y celebraciones litúrgicas, donde hombres y mujeres de todas las clases sociales acudían a rendir homenaje a la Virgen.

*   *   *

Nuestra Señora de Montserrat sigue siendo un símbolo de fe y esperanza para millones de devotos. Su historia, sus milagros y la magnificencia de su santuario en la montaña catalana la convierten en un faro de espiritualidad en el mundo católico. Que su maternal amparo nos guíe hacia Cristo, su Divino Hijo, en medio de las vicisitudes de nuestro complejo siglo.

 

1. F. de P. Crusellas 0SB, Nueva Historia del Santuario y Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat, Tipografía Católica, Barcelona, 1896, p. 23.
2. Idem., p. 27.
3. José Muñoz y Maldonado, Historia, Tradiciones y Leyendas de las Imágenes de la Virgen aparecidas en España, Ed. Juan José Martínez, Madrid, 1864,, t. I, p. 98.

La Resurrección de Notre Dame San Ricardo de Wych
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