Llegó el 13 de octubre , llovía. Aparece un claro y vamos para allá. A medio camino el agua vino con fuerza y llegó al punto de que no había mantas ni sombreros que le hicieran frente. Pero nadie se desanimaba. Todos avanzaban. El aspecto era imponente y admirable. Ni una imprecación contra la lluvia, antes, todos con el mayor respeto. Estaban por encima de 50.000 personas y no hubo invitación ni se hizo publicidad. El tiempo corría y la ansiedad aumentaba. Ya había pasado la hora cuando los niños gritan que allá viene Ella. ¿Habría ocurrido en verdad una aparición? ¿Las señales atmosféricas, que tú por cierto conoces, serían naturales? No sé, lo que puedo afirmar es que precisamente en la ocasión que la niña decía “miren al sol, que allí está la señal, que la Señora me hablaba” , todos nosotros vimos al sol bailando y tomando aspectos, que nunca había visto. ¿Tales aspectos serán naturales? ¿Qué importa? Nadie los conocía… Nadie sabía que ellos existían y aparecerían; no obstante, hace seis meses que los niños venían diciendo que habría una señal, para que todos puedan creer, que en verdad la Señora se aparecía [en realidad, la promesa de la señal fue hecha por primera vez en la aparición de julio]. ¡Era bello ver en aquella ocasión a aquellos miles de creyentes! ¡Es una impresión que jamás olvidaré! Al final tomé también en mis brazos a la niña mayor, la vidente [Lucía]. ¡Y cómo era diferente su actitud de la del día 13 de setiembre! Ahora ella me parecía la mensajera de cualquier nueva, porque en mis brazos ella gesticulaba y gritaba diciendo a todos que hicieran penitencia, porque así lo quería la Señora… Es verdad que ella decía también que la Señora le había aseverado que la guerra acabaría aquel día y ella aún continúa, pero para mí lo extraordinario de todo lo que vi es la coincidencia de las señales atmosféricas con la prevención de la niña , y después aquella mole inmensa de gente con el mejor y mayor orden, con el más profundo respeto y sin la más pequeña invitación. ¿Habrá milagro?… Yo me conservo en la expectativa hasta que la Iglesia se pronuncie, tanto más que —oí decir— están procediendo a una indagación; pero íntimamente tengo la convicción muy honda que en todo el caso de Fátima existe algo de sobrenatural.
* Carta del Dr. Carlos de Azevedo Mendes a un hermano suyo, contándole sus impresiones sobre los acontecimientos en la Cova da Iria, escrita en octubre de 1917 (cf. Documentación Crítica de Fátima , Santuario de Fátima 1992, t. 1, p. 395-398). Nacido en 1888, el Dr. Azevedo se licenció en derecho por la Universidad de Coimbra en 1911. Fue presidente de la Cámara Municipal de Torres Novas y diputado de la Asamblea Nacional, en dos legislaturas. Director del semanario «O Almonda» desde 1925 hasta su muerte en 1962.
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