Después de tratar sobre la importancia de conformarse con la voluntad de Dios, San Francisco de Sales, en el libro «Pensamientos Consoladores»,* reflexiona sobre la excelencia de la virtud de la confianza. Que se arme contra mí el cielo, que se amotinen la tierra y los elementos; que me declaren la guerra todas las criaturas; nada temo; me basta saber que estoy con Dios y que Dios está conmigo.
Nunca nuestro buen Dios nos abandona sino para sujetarnos mejor. Nunca nos deja sino para cuidarnos mejor; nunca lucha contra nosotros, sino para entregarse a nosotros y bendecirnos. Cómo seríamos felices si, sometiendo nuestra voluntad a Dios, lo adorásemos cuando nos envía tanto tribulaciones como consolaciones, creyendo que los diversos sucesos que su divina mano nos envía son para nuestra utilidad, para purificarnos en su santa caridad. Embarquémonos, pues, en el mar de la Providencia divina, sin alimentos, sin remos, sin velas, y finalmente sin preparativo alguno. Pero dejemos a Nuestro Señor todo el cuidado de nuestros asuntos, sin réplica ni término alguno; su bondad lo suplirá todo. Ruja, pues, la tempestad; no moriréis porque estáis con Jesús. Si os asalta el temor, gritad: ¡Oh Salvador mío, salvadme! Él os dará la mano; apretadla e id, contentos sin filosofar sobre vuestro mal. Mientras San Pedro confió, no lo sumergió la tempestad; pero cuando temió, se hundió. El temor es un mal mayor aún que el propio mal. En cuanto a mí, hay ocasiones en que me parece que no tengo más fuerzas para resistir, y que, si se presentase la ocasión, sucumbiría; pero entonces confío más en Dios, y tengo por lo más cierto que en presencia de la ocasión Dios me revestiría con su fuerza y devoraría a mis enemigos como granos de arena. Sirvamos, pues, hoy a Dios y Él proveerá mañana. Cada día tendrá sus cuidados, pues, Dios, que reina hoy, reinará mañana. O no os enviará males, o si los envía, os dará la bravura necesaria para soportarlos. Si sois tentados, no deseéis ser libres de las tentaciones. Es bueno que las padezcamos, para que tengamos la ocasión de combatirlas y cosechar victorias. Esto sirve para practicar las virtudes más excelentes y establecerlas sólidamente en el alma. * P. Jean-Joseph Huguet S.M., Pensamientos Consoladores de San Francisco de Sales, Livraria Salesiana Editora, São Paulo, 1946, pp. 105-108.
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