La Palabra del Sacerdote ¿Qué sucede con el alma de los que nacieron con graves deficiencias mentales?

PREGUNTA

¿Qué sucede con el alma de aquellos que nacieron con graves deficiencias mentales, o que las adquirieron posteriormente, que les imposibilitan cualquier discernimiento sobre los actos practicados durante sus vidas?

¿Qué destino tienen sus almas? ¿Qué les sucederá en el Juicio Final?


RESPUESTA

Como enseña la doctrina católica, toda persona es juzgada moralmente por los actos que practicó libremente y con pleno conocimiento de causa. Siendo así, las personas que nacieron con graves deficiencias mentales o que las adquirieron posteriormente, serán juzgadas por Dios de acuerdo con la responsabilidad que tuvieron por su actos.

Si una persona nació y vivió sin el uso de sus facultades mentales, por demencia, o alguna otra anormalidad patológica, debemos considerarla en la misma situación de los niños que mueren antes de alcanzar el uso de razón. Si fueron bautizados, irán al Cielo; si no lo fueron, irán al Limbo.

Éste es un estado y un lugar de felicidad natural perfecta, donde no se goza, sin embargo, de la visión beatífica de Dios y de la felicidad sobrenatural de la vida gloriosa del Cielo.

Dementes no de nacimiento

En cuanto a las personas que adquirieron la demencia total después de un período de lucidez —por ejemplo, un adolescente o adulto que, en virtud de enfermedades o accidente, perdieron el uso de razón—, serán juzgadas por lo que hicieron de virtuoso o pecaminoso, en el período anterior a ese nuevo estado de deficiencia mental.

Nave central de la Basílica de San Pedro, en Roma

Entre la completa locura y la plena lucidez, hay estados intermedios difíciles de determinar en los enfermos mentales. Pero Dios juzga todo con su infinita sabiduría, justicia y misericordia.

Es evidente que después de la muerte cesan todas las enfermedades, hasta las mentales, y sea que la persona vaya al Cielo, al Limbo o al Infierno, en esa nueva condición —de la vida eterna— tendrá la plena lucidez y el uso de sus facultades mentales.

Juicio Particular

El estado futuro de la persona se decide inmediatamente después de la muerte, durante su juicio particular. Las almas de los que murieron en la amistad de Dios y con todas sus deudas con la Providencia saldadas, van inmediatamente al Cielo. Aquellas que tienen pecados veniales o no hicieron suficiente penitencia por la pena debida a los pecados perdonados cuanto a la culpa, van al Purgatorio por un tiempo que varía de acuerdo con la necesidad que tengan de purificación. Por fin, aquellos que mueren en la enemistad con Dios, en estado de pecado mortal, van al Infierno eterno.

Juicio Final

Así, tan pronto muere, la persona es juzgada individualmente y el alma toma su destino eterno (juicio particular). Cuando sea el Juicio Final, al fin de los tiempos, tendrá lugar la resurrección de los cuerpos y se dará la nueva y definitiva unión de la misma alma y del mismo cuerpo, o para la felicidad sobrenatural, beatífica y eterna en el Cielo, o para la felicidad natural en el Limbo, o para la terrible infelicidad sin remisión en el Infierno.

Que Dios, por la intercesión de nuestra Madre bondadosa, nos conceda las gracias necesarias para que seamos fieles hasta el fin de nuestra vida, y podamos gozar de la bienaventuranza eterna.

“¡Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna. Amén!”     



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Tesoros de la Fe N°80 agosto 2008


Consolatrix Afflictorum
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