No le es dado a cualquiera ejercer el duro oficio de pescador de perlas. Las complexiones fuertes son capaces de resistir la presión del agua y las agresiones de los pulpos, para bajar al fondo del mar y recoger las albísimas perlas que buscan. Pero los organismos débiles se sienten asfixiados cuando se adentran un poco más en las verdes aguas del océano, y se ven forzados a retirarse con las manos vacías, para respirar la brisa amena y retornar a las presiones débiles, lejos de las cuales son incapaces de vivir. Del mismo modo, ciertas almas son capaces de adentrarse en los más serios pensamientos, donde van en busca de la inestimable perla de la verdad. Otras, sin embargo, se sienten asfixiadas cuando las ideas se vuelven un poco más densas, e inmediatamente retroceden con las manos vacías a la banalidad estéril, el único ambiente que pueden soportar. El sacrificio que se exige a la generación actual no es el de la sangre; la muerte no es el supremo peligro al que tiene que enfrentarse el joven de hoy, sino la vida misma. No es ya el momento de que los creyentes atestigüen su fe con el testimonio sangriento del martirio. Lo que la Iglesia pide a sus fieles es el testimonio de una vida ejemplar, el sacrificio generoso de toda nuestra personalidad a la gran causa por la que debemos luchar. Este sacrificio es el de los bienes temporales; es el sacrificio del tiempo dedicado al apostolado cuando podría emplearse en la búsqueda del dinero; es el sacrificio de las actitudes adoptadas para salvar las almas, en detrimento de la reputación social, de las relaciones más queridas de familia o de amistad, de las simpatías más preciosas. Este sacrificio es, sobre todo, el del alma que se purifica con la práctica de la virtud, que se inmola en el sufrimiento interior, que sube espontáneamente al altar de las pruebas espirituales más dolorosas, con aquella resolución magnánima con la que los primeros cristianos avanzaban hacia el martirio. El mundo actual se ha perdido por el pecado, y únicamente a través de la virtud puede ser redimido. A los ojos de Dios, la más útil de las obras apostólicas no vale nada cuando el apóstol lleva en su alma ese mismo espíritu del mundo que pretende combatir con sus acciones.
Plinio Corrêa de Oliveira, “O Legionário”, nº 173, 9 de junio de 1935.
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La Resurrección Magno suceso ante el cual toda rodilla se dobla |
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El terror de la píldora abortiva Un cierto día del año 2018, una joven alemana acudió a la Apotheke Undine de Andreas Kersten, en Berlín, pidiendo la llamada “píldora del día siguiente”, que puede provocar el aborto... |
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Tarde estival en la playa de Skagenna Informal pero elegantemente vestidos, Severin Krøyer, el pintor del cuadro, y su esposa, Marie Triepcke, también artista, pasean a lo largo de esta dilatada playa de Skagen (Dinamarca), en el crepúsculo de una serena tarde de verano, acompañados por su perro rap... |
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1. ¿Por qué a veces se habla de “entrega” y no de “consagración”? A lo largo de los siglos, la Iglesia no ha dudado en utilizar la palabra “consagración” para expresar el don y la ofrenda que una persona, un grupo humano o una región hacen de sí mismos a una criatura de Dios... |
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