Lectura Espiritual El Paraíso Terrenal

El Paraíso Terrenal, Pieter Brueghel el Joven, c. 1626 – Óleo sobre lámina de cobre, Museo del Prado, Madrid

P. Cornelio a Lápide

La caída del hombre (detalle), Hugo van der Goes, c. 1468 – Óleo sobre madera de roble, Museo de Historia del Arte, Viena

El Señor, dice el Génesis, había plantado desde el principio un jardín de delicias, y en él había colocado al hombre que había formado (2, 8). Y el Señor hizo salir de la tierra una multitud de árboles hermosos a la vista, cuyos frutos eran sabrosos al paladar. En medio del jardín estaba el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (ibid. 2, 9). En aquel lugar de delicias corría un río que regaba el jardín y se dividía en cuatro canales (ibid. 2, 10).

San Agustín y san Ambrosio dicen que alegóricamente el Paraíso terrenal es la Iglesia; que los cuatro ríos son los cuatro Evangelios; los árboles frutales son los santos; y el árbol de la ciencia del bien y del mal, el libre albedrío (in Gen).

En medio del jardín estaba el árbol de la vida (in Gen 2, 9). Es de fe que aquel era un árbol verdadero. Se llama árbol de vida, porque vivificaba, alejaba las enfermedades y la muerte, conservaba las fuerzas y daba la inmortalidad… Adán no probó el fruto de aquel árbol admirable…

Grabado del padre a Lápide, del álbum Galerie illustrée de la Compagnie de Jésus (1893) de Alfred Hamy

En el sentido alegórico, el árbol de la vida es Jesucristo, su cruz la Eucaristía…

En el sentido tropológico [moral], el árbol de vida es la bienaventurada Virgen María, de la que nació la Vida… Es también el justo que hace obras santas, principio de la vida de la gracia y de la gloria, según las palabras de los Proverbios: Fructus justi lignum vita. El fruto del justo es el árbol de la vida (11, 30).

Jamás se ha sabido positivamente dónde estaba colocado el Paraíso terrenal. Es probable que haya sido destruido o que haya cambiado tanto, que jamás nadie haya podido reconocerlo. Si existe todavía tal como era el día siguiente de la creación, el Señor no ha permitido que el hombre lo encontrase.

San Justino, Tertuliano, san Epifanio, san Agustín, san Juan Damasceno, santo Tomás y otros doctores y padres de la Iglesia, dicen que Enoc y Elías habitan en el Paraíso terrenal.

 

* Jean-André Barbier, Tesoros de Cornelio á Lápide, Soler Hermanos, Vich, 1867, t. IV, p. 113.

Cornelio a Lápide
(1567-1637)

   Jesuita flamenco y exégeta. Estudió humanidades y filosofía en los colegios jesuitas de Maastricht y Colonia, y teología en Douai y Lovaina. Entró en la Compañía de Jesús en 1592 y luego de dos años de noviciado y uno de teología, fue ordenado sacerdote en 1595. Fue nombrado profesor de Sagrada Escritura en Lovaina en 1596 y al año siguiente también de hebreo. Veinte años más tarde, en 1616, fue llamado a Roma para asumir el mismo encargo, que desempeñó con gran renombre. Los últimos años de su vida, sin embargo, los dedicó exclusivamente a terminar y corregir sus célebres comentarios. Fue un sacerdote sinceramente piadoso y lleno de celo y un religioso ejemplar. Durante su cátedra en Lovaina, le gustaba pasar sus vacaciones predicando y administrando los sacramentos, especialmente en la peregrinación a Notre Dame de Montaigu. Entre sus hermanos de religión en Roma gozaba de tan alta reputación de santidad que, cuando murió, le enterraron por separado, para estar seguros de encontrar sus huesos cuando finalmente, como esperaban, recibiera el honor de la beatificación.
   Cornelio a Lápide escribió amplios comentarios sobre todos los libros de las Sagradas Escrituras, con la excepción de Job y los Salmos. Antes de dejar Flandes, editó los Commentaries in omnes divi Pauli epistolas (1614) y, in Pentateuchum (1616), ambos en Amberes. Los comentarios a los profetas mayores y menores, a los Hechos de los Apóstoles, a las epístolas canónicas y al Apocalipsis, al Eclesiástico y a los Proverbios, fueron posteriores. El resto no se editó hasta después de su muerte.
   Sus diversos comentarios son de gran amplitud. Explican no solo el sentido literal sino también el alegórico, tropológico y anagógico del texto sagrado, y aportan un gran número de citas de los Padres y de los intérpretes posteriores de la Sagrada Escritura durante la Edad Media. Como la mayoría de sus predecesores y contemporáneos, a Lápide pretende servir no solo al estudio histórico y científico de la Biblia, sino, aún más, a los fines de la meditación piadosa y especialmente de la exposición en el púlpito (cf. John Peter Van Kasteren, Cornelius Cornelii a Lapide in The Catholic Encyclopedia).

Dictadura colegiada, no San Olegario
San Olegario
Dictadura colegiada, no



Tesoros de la Fe N°243 marzo 2022


Madre de la Divina Gracia Nuestra Señora de la Cabeza Inclinada
Marzo de 2022 – Año XXI Jesús quiso nacer de estirpe real Dios, que da la llaga, da el bálsamo para sanarla Nuestra Señora de la Cabeza Inclinada Dictadura colegiada, no El Paraíso Terrenal San Olegario Sobre el uso del agua bendita El uso de charreteras en los uniformes militares La visita de la madre al hospital



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