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Lugar sagrado, de gracias y bendiciones especiales Plinio Corrêa de Oliveira
Hay un principio que la piedad católica admite como verdadero: cuando en cierto lugar ocurre algo muy sagrado, de algún modo aquel lugar se vuelve también sagrado. En ese lugar bendecido, quien allí se encuentre podrá recibir muchas gracias, por las cuales se es llevado al amor de Dios, al arrepentimiento, a la compunción, a la piedad y a la compasión hacia el Cordero de Dios, que allí sufrió por nuestra salvación.Un ejemplo supremo: el Huerto de los Olivos, el lugar sagrado donde transcurrió la Agonía de Nuestro Señor Jesucristo. Lugar de lucha en que el Divino Redentor enfrentó la perspectiva de la muerte y de todo cuanto luego sucedió; lugar donde Él estuvo, sufrió y derramó la primera Sangre de la Pasión. Estos hechos hicieron aquel lugar sagrado.
Tales lugares son particularmente dignos de reverencia. De ahí el hecho de que se guarde de ellos, a la manera de reliquia, alguna porción de tierra, pues se trata de la tierra en que hace dos mil años el Hombre Dios posó la planta de sus pies. Estando en esos lugares, no es posible que la persona no se prosterne y reverencie.En ese sentido, el lugar por excelencia es el Santo Sepulcro, pues recibió el cuerpo de Nuestro Señor, y allí Él resucitó. Basta esto para que se entienda todo. También se hacen sagrados los lugares donde ocurrieron los grandes hechos históricos, los grandes actos de valentía, de virtud, de renuncia, de grandeza de horizontes en la historia de la Cristiandad. ♦
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