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Esto no significa que cada miembro de la Iglesia, considerado separadamente, no pueda alejarse de la perfección y perderse. Pero la Providencia, que vela sin cesar sobre la Esposa del Verbo Encarnado, no podría permitir que aquellas deserciones internas la destruyan o interrumpan su crecimiento.
Independientemente de los esfuerzos de sus enemigos internos o externos, la Iglesia siempre continuará a crecer hasta el fin de los siglos. Crecerá en extensión, por los elementos nuevos que asimilará sin cesar; crecerá en luz, por las afirmaciones cada vez más explícitas que opondrá a los errores; crecerá en gracia y en méritos, por los actos de virtud que sus miembros nuevos producirán continuamente, bajo la influencia del Espíritu de Dios. El momento en que cese este triple progreso, el momento en que el cuerpo de Jesucristo alcance su pleno crecimiento, será el momento en que él será elevado a la gloria, para participar en la felicidad de su Jefe divino. Así, en el ápice de la humanidad, se realizará, a pesar de todos los obstáculos, un progreso real y un progreso auténticamente divino. ♦ Henri Ramière S. J., El Reino de Jesucristo en la Historia, Livraria Civilização Editora, Porto, 2001, p. 205-206.
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La traición de Judas “¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?” |
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Nuestra Señora de la Guardia Patrona de Génova Ejemplo de cómo debemos preocuparnos más con lo que Dios quiere de nosotros, y menos con lo que dicen los otros. Lo que importa es la obediencia a Dios, no la opinión de los hombres... |
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Educación de la docilidad Muchos padres se quejan de sus escasos éxitos en cuanto a la obediencia de los hijos. ¿Tienen estos la culpa de ello? ¿No es más bien culpa de los padres? Falla la obediencia porque falla la autoridad... |
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El cardenal Mindszenty En esta fotografía [a la izquierda] el cardenal Mindszenty * aparece en sus días de gloria, con la pompa del cardenalato y el principado, revestido con un manto de armiño, llevando el solideo y un hermoso anillo... |
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El matrimonio feliz La mesa familiar, el crucifijo y la cuna. En el presente artículo trataremos de los dos primeros; dedicaremos un artículo aparte para la tercera cosa: la cuna... |
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Capítulo 10: Un signo de contradicción El profeta Simeón, sosteniendo al Niño Jesús en sus brazos durante su presentación en el Templo, profetizó que Él sería un signo de contradicción: de salvación para algunos que lo aceptarían y de perdición para otros que lo rechazarían... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino