Palabras del Director Nº 150 - Junio 2014 - Año XIII
Estimados amigos:

Durante la ceremonia de clausura del Año de la Fe, realizada en la plaza de San Pedro el domingo 24 de noviembre de 2013, una procesión condujo al altar un relicario de bronce con ocho fragmentos de huesos del Apóstol que Jesucristo instituyó como Príncipe supremo del Colegio Apostólico y jefe de la Iglesia.

Así, por vez primera en dos mil años fueron mostradas públicamente las reliquias del primer Papa, que están habitualmente guardadas en la cripta de la Basílica de San Pedro, donde ellas pueden ser veneradas.

El debate sobre la autenticidad de las reliquias se extendió a lo largo de varias décadas, involucrando a científicos, historiadores y religiosos.

En 1965, la arqueóloga Margherita Guarducci anunció que había identificado que los huesos eran del primer Vicario de Cristo. “Ninguna otra hipótesis, en cuanto a los huesos encontrados, es concebible”, dijo la arqueóloga.

Su tesis se sustentaba también en el hecho de haber encontrado cerca de la tumba la inscripción “Petr eni”, abreviación en griego de “Pedro está aquí”.

Obviamente, como sucede en estos casos, hubo refutaciones del ambiente científico e incluso de religiosos, pero sólo sirvieron para profundizar los estudios y llegar a una certeza probada en el crisol de la crítica.

En 1968, el Papa Paulo VI hizo el anuncio oficial de los descubrimientos.

En el artículo de nuestro corresponsal en Roma que presentamos como Tema del Mes, Juan Miguel Montes describe el largo camino que recorrió la ciencia para llegar a la convicción de que ellos son los huesos del Santo Apóstol.



En Jesús y María,

El Director

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Tesoros de la Fe N°150 junio 2014


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