Verdades Olvidadas La desigualdad entre los hombres es providencial



¿Porqué un día es más importante que otro, si todos los días del año reciben la misma luz del sol?

La mente del Señor los ha diferenciado, estableciendo distintas estaciones y fiestas.

A unos los ensalzó y santificó, a otros los hizo días ordinarios.

Así todos los humanos provienen del polvo, de la tierra fue creado Adán.

El Señor los ha diferenciado con su gran sabiduría, y ha diversificado sus caminos.

A unos los bendijo y ensalzó, los santificó y los puso junto a sí; a otros los maldijo y humilló y los derribó de su puesto.­

Como la arcilla en manos de alfarero, que la modela según su voluntad, así los humanos en manos de su Hacedor, que da a cada uno según su criterio.

Frente al mal está el bien, frente a la muerte, la vida; así, frente al piadoso, el pecador.

Observa, pues, todas las obras del Altísimo, de dos en dos, una frente a otra. 



Libro del Eclesiástico (33, 7-15), Sagrada Escritura, Versión Oficial de la Conferencia Episcopal Española, B.A.C., Madrid, 2010.


Palabras del director Nº 113 - Mayo 2011 - Año X La revolución sexual destruye la familia - III
La revolución sexual destruye la familia - III
Palabras del director Nº 113 - Mayo 2011 - Año X



Tesoros de la Fe N°113 mayo 2011


Nuestra Señora de Akita
Nº 113 - Mayo 2011 - Año X La desigualdad entre los hombres es providencial La revolución sexual destruye la familia - III Nuestra Señora de Akita San Bernardino de Siena En realidad, las pasiones no son ni buenas ni malas Casas para el alma, y no sólo para el cuerpo



 Artículos relacionados
Educación de la docilidad Muchos padres se quejan de sus escasos éxitos en cuanto a la obediencia de los hijos. ¿Tienen estos la culpa de ello? ¿No es más bien culpa de los padres? Falla la obediencia porque falla la autoridad...

Leer artículo

El cazador de venados En aquella abrasadora zona que con el nombre de Tierra Caliente atraviesa a Méjico de Oriente a Poniente...

Leer artículo

Multiplicación de los panes y curaciones Cierto día, entrando Jesús en la ciudad de Naím, encontró una gran multitud que acompañaba a la sepultura a un difunto. Era este un joven, hijo único de madre viuda, la cual seguía al féretro llorando sin consuelo, y le acompañaban otras personas. Jesús se compadeció de ella y le dijo: —“No llores”. Y acercándose al ataúd, detuvo a los que lo llevaban, los cuales se pararon y lo pusieron en el suelo. Entonces el Salvador exclamó en voz alta: —“Te mando, joven, que te levantes”...

Leer artículo

Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia; ¿quién que haya empezado a gustar, por poco que sea, la dulzura de tu dominio paternal dejará de servirte con todo el corazón?...

Leer artículo

Navidad En estas condiciones, con las adaptaciones necesarias, de Ella se puede decir mucho de lo que se afirma de la vida de Jesús...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino