Gabriel J. Wilson
Segovia se destaca entre las ciudades más bellas y antiguas de España. Célebre por su acueducto romano, su castillo y su catedral, así como por su “cochinillo” (un delicioso plato de lechón asado), está situada al norte de Madrid, cerca de la sierra de Guadarrama, y representa magníficamente la grandeza del país bajo el cetro de los Reyes Católicos y del incomparable Felipe II. Vista desde fuera de las murallas, del lado occidental, desfilan a los ojos del espectador las líneas nobles y altaneras del castillo real —que evoca la proa de un barco—, seguida del impresionante cuerpo de la catedral, que domina la ciudad. Torres y campanarios de iglesias y monumentos civiles equilibran el conjunto en una jerarquía armónica, sugestiva de un orden social nacido de una sociedad orgánica.
Segovia no fue planificada, como algunas ciudades modernas e igualitarias. Por esa misma razón, es particularmente bella… Este orden armonioso se manifestó con naturalidad a lo largo del tiempo, por la contribución de espíritus bien formados que amaron de alguna manera el orden resultante de la observancia de la Ley de Dios y de la ley natural, en el uso de la libertad, así como de los dones que la Providencia confiere generosamente a los hombres. En consecuencia, uno podría pensar que una belleza atrajo a otra belleza, como una estrella atrae a otra (stella affert stella), en contraste con las megalópolis modernas, donde la fealdad y el crimen se multiplican en un círculo vicioso. En efecto, las ciudades modernas parecen representar una zaranda infernal dominada por los vicios. Muy al contrario, aunque ella no fue planificada ni construida para representar ex professo esa perfección, el orden que emana de una simple visión de Segovia parece reflejar el orden y el bienestar de una ciudad donde todo es armonioso. Y esto solo es posible cuando la sociedad está impregnada de principios católicos, en la cual el sufrimiento se acepta con resignación, la virtud vence al pecado por la observancia de los mandamientos y la gracia divina ameniza las dificultades de la vida, inevitables en este valle de lágrimas.
Así —deducimos— los segovianos construyeron naturalmente la ciudad, bajo la influencia de lo que podría llamarse un círculo virtuoso, una serie de acciones alimentadas por virtudes, y no por vicios. Porque las virtudes, como los vicios, son comunicativas y pueden difundirse por connaturalidad en un ambiente donde domina el buen espíritu. Las virtudes se pueden alimentar en las familias, en las relaciones sociales, en todos los grupos humanos que las practican y no se resisten a la gracia divina. El bien es difusivo y, como católicos, tenemos la obligación de practicarlo. Cuando se practica la virtud, el sufrimiento no deja de existir, porque es fruto del pecado original. Pero la vida será probablemente mucho más suave en una sociedad virtuosa que en aquella donde impera el pecado. “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”, dijo Nuestro Señor Jesucristo (Mt 11, 30).
|
Segovia Belleza y fuerza que brotan de la fe |
|
Fátima y Paray-le-Monial: Una visión de conjunto A partir de la Cova da Iría se desencadenó un activo movimiento de piedad, cuyas posibilidades de expansión aún hoy son incalculables. El Sagrado Corazón fue la gran devoción del siglo XIX, llamado por algunos escritores eclesiásticos “el siglo del Sagrado Corazón”... |
|
Oración a Nuestra Señora de Fátima compuesta en 1927 Virgen Inmaculada, que por vuestro santo Rosario extinguisteis otrora en el seno de la Iglesia la nefasta herejía de los Albigenses, por él liberasteis a la Cristiandad del peligro musulmán y robustecisteis la piedad de los fieles... |
|
San Gregorio Barbarigo Gregorio Giovanni Gasparo pertenecía a una familia de la aristocracia veneciana que había dado dos dux a la República de Venecia: Marcantonio, que reinó de 1485 a 1486, y su hermano Agostino, de 1486 a 1501... |
|
Hace 470 años el Japón nacía a la fe católica Poco se sabía entonces a respecto de aquel país del Extremo Oriente, si bien que, algunos siglos atrás, Marco Polo escribiera en las memorias de sus viajes que “a 1500 millas de la China había una gran isla, conocida como Cipango. El pueblo es de tez clara, alegre, de bellas facciones, y muy ceremonioso…”... |
|
La Doctrina Católica condena la pornografía El catecismo contiene igualmente una definición de la pornografía y recuerda el deber de las autoridades públicas de impedir la producción y la distribución de material pornográfico... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino