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Antony Burckhardt
Francia fue uno de los primeros países europeos en legalizar el aborto. En 1975, el gobierno de centroderecha de Jacques Chirac, con el apoyo de la izquierda, aprobó la legalización de la interruption volontaire de grossesse (interrupción voluntaria del embarazo); un circunloquio con el cual se niega al niño el derecho a nacer. Simone Veil (1927-2017), entonces ministra de salud, presentó el proyecto justificándolo como un mal menor en relación con los problemas causados por los abortos clandestinos. A fin de que su propuesta pareciera aceptable, ella se abstuvo de calificar al aborto como un “derecho”, prefiriendo hacerlo como un acto dramático que debería permanecer inolvidable. Los propugnadores de aquella propuesta exhibían números exageradamente aumentados, procurando dar la impresión de crisis, tanto en la salud como en el cumplimiento de la ley. Paso a paso, la liberación de un crimen Como era de esperar, la aprobación de la ley de Simone Veil marcó el comienzo de una cascada de desastres y de crecientes imposiciones legislativas. En 1982, el gobierno empezó a subsidiar parcialmente el aborto, asociando así a la población francesa a ese crimen, por medio de los impuestos. En enero de 1993, se penalizó cualquier obstrucción al aborto, sujetándose, a quien intentara impedirlo, a dos años de prisión y a una multa de 30 mil euros. En 1999, fue autorizada la venta en las farmacias de la píldora abortiva, llamada “píldora del día siguiente”, la cual pasaría a ser distribuida gratuitamente a los menores de edad a partir de 2002. El plazo legal para abortar fue extendido de 10 a 12 semanas en 2001, y los menores adquirieron la autonomía de abortar sin la autorización de sus padres. Aunque el aborto sea mucho más costoso que un parto normal, aquel pasó a ser reembolsado integralmente por el Estado (impuestos) en 2013. En 2014 fueron abolidos el plazo legal de reflexión antes de un aborto y la necesidad de declarar situación de riesgo de muerte. En 2017, el crimen de obstrucción al aborto se extendió también a los que intentan, a través de internet, disuadir a las mujeres de abortar. El resultado de esa política infame es que 210.000 niños son abortados anualmente en Francia, un promedio de un aborto cada tres minutos. Pero estos crímenes legalizados aún no bastan para el lobby abortista. Ahora este exige, por un lado, que sea incluido en la Constitución el “derecho” al aborto, y por otro, que sea retirada la cláusula de la objeción de conciencia, mediante la cual los médicos pueden negarse actualmente a practicar el aborto.
De una pobre reacción inicial a una ola de indignación actual En el momento de la adopción de esa ley, en 1975, la reacción de la opinión pública, y de modo especial la del episcopado, fue lamentablemente muy limitada. Simone Veil declaró en sus memorias: “Con la Iglesia, las cosas corrieron mucho mejor de lo que yo podría temer [...]. Conversé con el prelado encargado de esos problemas en la Iglesia Católica, y él no intentó disuadirme”. De algún tiempo a esta parte, sin embargo, ese trabajo infame de los abortistas ha encontrado fuertes reacciones. Con un número de participantes creciendo sin cesar, sobre todo entre los jóvenes, la Marcha por la Vida se realiza anualmente en París, pidiendo la abolición de la ley Veil. Los movimientos feministas vienen menguando, mostrándose incapaces de reclutar a nuevos adherentes. Son cada vez más numerosos los médicos que se niegan a practicar el aborto. En enero de 2018, por primera vez, un hospital público dejó de realizar abortos, pues tres de sus cuatro ginecólogos se negaron a convertirse en asesinos. Los defensores del aborto ya están acusando el golpe recibido. El presidente de Planned Parenthood, Véronique Séhier, declaró su inquietud a la revista “Obs” de junio de 2017: “Los oponentes [al aborto] ganaron en el terreno mediático. Ellos son jóvenes, eficaces, están activos en las redes sociales”. En este ineludible campo de batalla de nuestros días, el movimiento pro-vida creció, superando a sus adversarios.
Después de décadas en que millones de bebes fueron legalmente asesinados, Francia comienza así a ver una luz al final del túnel. “Los hombres combaten y Dios les da la victoria”, dijo santa Juana de Arco.
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Una Santa Navidad Meditación a los pies del pesebre del Niño Dios |
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