Estimados amigos: La devoción a la Sagrada Eucaristía está estrechamente relacionada con los acontecimientos de Fátima. Ya en la tercera aparición del Ángel de Portugal a los tres pastorcitos, este se presenta sosteniendo una hostia y un cáliz. Y cuando les dice: —“Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios”, reparte la hostia a Lucía, y el contenido del cáliz se lo da a beber a Jacinta y a Francisco. El 13 de julio de 1917, la Santísima Virgen habló por primera vez de la Comunión Reparadora de los primeros sábados. En 1925 le indicó a Lucía cómo practicar esa devoción, que fue aprobada oficialmente por el obispo de Leiria el 13 de setiembre de 1939. Esta fue la promesa de la Virgen: —“A todos aquellos que durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la sagrada comunión, recen el rosario y me acompañen quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirlos en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación”. “Jesús escondido”, era la tierna y conmovedora expresión con que los tres niños designaban al Santísimo Sacramento. Cuenta la hermana Lucía en sus Memorias que Francisco, poco antes de morir, tenía verdaderas ansias de recibir la comunión. Luego que el párroco se la llevó, le dijo a su prima: —“Hoy soy más feliz que tú porque tengo en mi pecho a Jesús escondido”. Durante la última enfermedad de Jacinta, le llevó una estampa con un cáliz y una hostia. La pastorcita la cogió, la besó y radiante de alegría le dijo: —“Es Jesús escondido, le quiero tanto. ¡Cuánto desearía recibirlo en la iglesia! ¿En el cielo no se comulga? Si se comulgara allí, yo comulgaría todos los días. ¡Y si el Ángel fuese al hospital a llevarme otra vez la sagrada comunión, qué contenta me quedaría!”. A respecto de la Eucaristía, encontrarán en la sección Verdades Olvidadas unas meditaciones de san Pedro Julián Eymard y en la sección Historia Sagrada una narración de Don Bosco sobre la institución de este sacramento durante la última cena. En Jesús y María, El Director
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Jesús Escondido Institución de la Eucaristía |
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El hombre fue hecho para el cielo y no para esta tierra En verdad, dos cosas hay que resaltan hoy día en medio de la extrema perversidad de las costumbres: un infinito deseo de riquezas y una insaciable sed de placeres. De aquí, como de su fuente principal, dimanan la mancha y el baldón de este siglo, a saber, que mientras éste progresa constantemente en todo lo que entraña comodidad y bienestar para la vida, parece sin embargo retroceder miserablemente a las vergonzosas lacras de la antigüedad pagana en lo que es de mayor monta, es decir, en el deber de llevar una vida justa y honrada... |
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El inmenso sufrimiento de la Santísima Virgen Entre el Hijo y la Madre tenía que haber comunidad perfecta de sufrimiento. Cuando ve una madre padecer a su hijo, ella padece con él y siente de reflejo todo lo que él padece; lo que Jesús padeció en su cuerpo, María lo padeció en su corazón, por los mismos fines y con la misma fe y el mismo amor... |
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Satanismo social Más de la mitad de los jóvenes confiesa que tiene curiosidad por el satanismo; un joven de cada tres declara sentirse atraído; el 10% dice que si Satanás le asegurase la felicidad no tendría dificultad para seguirle. Signo éste de infelicidad y del sufrimiento que hay en el mundo actual... |
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Instituciones altamente aristocráticas Habrá sorprendido a más de uno cuando el augusto pontífice Pío XII, en un discurso a la nobleza romana (16-1-1946), afirmó que todos los pueblos, sin exceptuar los democráticos, deben tener instituciones altamente aristocráticas: “De ahí que en todos los pueblos civilizados existan y tengan influencia instituciones eminentemente aristocráticas en el sentido más alto de la palabra, como son algunas academias de vasto y bien merecido renombre... |
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San Pedro de Tarantasia Pedro nació en Viena del Delfinado (Vienne) en Francia alrededor del año 1102. Su padre también se llamaba Pedro y, por su piedad, los anales cistercienses se refieren a él como “el bienaventurado Pedro”... |
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