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Un urbanismo extremamente pintoresco PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA
Estas ilustraciones presentan una visión de la pequeña ciudad de Genazzano, en Italia. En lo alto, se ve el campanario y el cuerpo de la iglesia. A su alrededor, se puede observar la localidad, que se “cuelga” de las laderas de una pequeña montaña.
Llama la atención lo pintoresco del lugarejo, que fue otrora una ciudad fortificada, especie de feudo de los príncipes Colona. En el período de las guerras feudales, tuvo que enfrentar muchas dificultades, varios cercos. En vista de ello, la población procuraba concentrarse dentro de la ciudad, recostando las casas unas en las otras tanto cuanto era posible. Y como la fortificación, para defenderse con facilidad, se ubicaba en lo alto de la montaña, hubo necesidad de concebir las calles lo más estrechas posible y con trazado sinuoso. De manera que la calle tuvo que adaptarse al modo por el cual cada casa consigue colgarse de la colina… De ahí el extremo pintoresco del urbanismo “genazzaniano”, nacido orgánicamente de las circunstancias de la época. * * * Es interesante que hagamos una comparación entre este pueblo medieval y el aspecto de una ciudad moderna. Tal comparación ayuda a comprender la lógica del multisecular proceso revolucionario de descristianización. A primera vista, quien mira Genazzano podría objetar: “Aquí tenemos un espacio mal aprovechado, la ciudad no debería haber sido construida en ese lugar. Las casas se apoyan, se empujan unas a otras. La población es mal atendida en cuanto a espacios, las calles son sinuosas y por lo tanto feas. No hay un plan de conjunto. Al contrario, caso se construya una ciudad dividida como un tablero de ajedrez, en cuadraditos, con un espacio horizontal amplio, con grandes avenidas y un tránsito abundante pasando por ellas, el resultado será mucho más bello”. De esto surgiría la banalidad que todos conocemos. Basta pensar por ejemplo en las grandes avenidas de las megalópolis modernas y compararlas con las de este pueblo. Genazzano es pintoresco, atrae por su lado pintoresco y su originalidad, cautivando al observador al conocerla. Al contrario, una gran avenida, recurso urbanístico cosmopolita de cualquier megalópolis del mundo actual, es tan monótona que da ganas de bostezar…
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