Página Mariana Nuestra Señora de los Milagros y Virtudes

Histórica patrona de Rennes, en el noroeste de Francia,
que se venera en la iglesia de Saint-Sauveur (San Salvador) y cuya fiesta
se conmemora el día 3 de noviembre

Caio Xavier da Silveira

Rennes, capital de la antigua región de Bretaña, recoge en el rico bagaje de su historia días de gloria y de oprobio. Los anales de esta localidad remontan su memoria a la época anterior al cristianismo, puesto que en el lugar donde hoy se encuentra la ciudad ya existía otra. Fue conquistada por Craso
—miembro del primer triunvirato romano— en el siglo I a. C. Desde entonces, la actividad bélica ha estado ligada a su nombre: guerras contra los invasores ingleses; crueles y prolongados conflictos de religión; combates no menos religiosos entre chouans y revolucionarios, en los que Rennes destacó como importante centro de los ejércitos republicanos.

Hoy en día Rennes sigue con su vida cotidiana, como si ignorara todo ese pasado, orgullosa del desarrollo industrial que ha alcanzado en las últimas décadas. Un desarrollo, hay que decirlo, gravemente amenazado por las políticas socialistas y por el alarmante descenso de la tasa de natalidad.

La imagen

Nuestra Señora de los Milagros y Virtudes es la patrona oficial de la ciudad. Se desconoce el origen exacto de la imagen. Solo se sabe que un escultor anónimo la talló en el siglo XII, siguiendo el estilo bizantino. Representa a la Virgen en Majestad. Nuestra Señora aparece sentada, en una actitud de soberana grandeza. Es reina, pero al mismo tiempo sirve de trono a su Divino Hijo, que descansa sobre sus rodillas. Sedes Sapientiae, Trono de la Sabiduría increada.

Esta hermosa invocación corresponde a los atributos intrínsecos de María, así como a la historia particular de esta venerada imagen. De hecho, Ella es, por un lado, la afirmación de la protección que es capaz de llegar hasta el milagro, como se verá; y por otro, el testimonio de la virtud del Corazón Inmaculado de María —ideal de toda belleza moral— que san Juan Eudes y san Luis María Grignion de Montfort deben haber cantado ante dicha imagen.

El milagro

Al referirse al asedio de Rennes, llevado a cabo entre 1356 y 1357 por los ingleses, al mando del duque de Lancaster, las crónicas relatan que la ciudad fue salvada por valientes guerreros bretones que resistieron el asedio, con Bertrand du Guesclin a la cabeza, paladín de la causa del Reino de Francia. Sin embargo, junto al heroico y fiel libertador, destaca el papel no menos importante y decisivo de la propia Reina del Cielo, a través de la imagen de Nuestra Señora de los Milagros y Virtudes.

Al igual que muchas ciudades de antaño, Rennes estaba fortificada y rodeada de murallas. Los ingleses, en lugar de exponerse a las graves pérdidas de una batalla, prefirieron sitiar a los habitantes de Rennes. Y mientras tanto, fueron excavando una galería subterránea por la que entrarían, ocupando la ciudad devastada por el hambre.

Durante el mencionado asedio, en la noche del 8 de febrero de 1357, en tres ocasiones consecutivas, se oyeron las campanas de la iglesia de Saint-Sauveur, sin que se supiera quién las había hecho sonar ni el motivo. Los habitantes acudieron en gran número. La amplia nave de la iglesia se encontraba en la más absoluta oscuridad, y solo en el altar lateral de Nuestra Señora de los Milagros y Virtudes brillaban dos antorchas que la iluminaban.

De repente, en presencia de la multitud, la Virgen cobró vida. Su mano derecha, que descansaba sobre el pecho, se movió describiendo un círculo y, con el dedo índice, señaló un punto concreto del suelo.

¡Gran sensación y asombro! No cabía duda. La Santísima Virgen respondía a la angustia de la ciudad, señalando el lugar del peligro. Rápidamente, cavaron un hueco en el lugar indicado y descubrieron un túnel. Al penetrar en él, los más valientes se lanzaron en busca de los ingleses, quienes, sorprendidos y aterrorizados, fueron derrotados.

Grandes santos la veneran y el fuego no la consume

San Juan Eudes y san Luis María Grignion de Montfort rezaron devotamente ante la imagen milagrosa. Especialmente este último, cuando era joven y estudiante, la visitaba a diario. Fue delante de Nuestra Señora de los Milagros y Virtudes donde el futuro misionero, a los veinte años de edad, mientras se consagraba a Ella en oración y le pedía una luz sobre el camino que debía emprender en la vida, escuchó en lo más hondo de su alma las palabras: “Tú serás sacerdote”.

Es igualmente probable, aunque no sea seguro, que a sus pies el gran santo mariano recibiera las gracias para explicitar y poner en práctica la verdadera devoción a la Madre de Dios, inmortalizada por él en su célebre Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. Es probable, hemos dicho, puesto que durante largos años rezó a diario ante la imagen, según relatan las crónicas de su vida y las de la historia de la iglesia de Saint-Sauveur.

A la patrona de Rennes se le atribuyen otras gracias notables, como la de haber salvado a la ciudad de la peste en cierta ocasión. Otra vez, durante el mes de diciembre de 1720, la ciudad quedó casi arrasada por un voraz incendio que duró seis días. La zona donde se encontraba la iglesia con la imagen fue la más afectada. Sin embargo, aunque el templo quedó reducido a escombros, la imagen de la Virgen se salvó de las llamas.

La Revolución Francesa

La celestial patrona de Rennes también conoció días de impiedad durante la Revolución Francesa. En efecto, durante ese trágico período histórico, los revolucionarios atacaron con especial saña a la religión católica, fundamento último del orden que querían destruir. Así, manos impías y sacrílegas destrozaron la venerable imagen de Nuestra Señora, después de haber abolido la cofradía en su honor; y en la iglesia de Saint-Sauveur, donde se encontraba entronizada la estatua de la Virgen, se celebró la primera fiesta en honor de la “diosa” Razón.

Se dice que una piadosa dama recogió los fragmentos de la imagen, esparcidos por el suelo de la iglesia, y se los llevó a su casa. ¿Habría sido destruida la imagen para siempre?

Era posrevolucionaria

En un lento y triunfal proceso, la religión fue restableciéndose en la Francia pecadora y, en 1804, se restauró la cofradía. En 1862 se reconocieron de nuevo, de manera oficial, las indulgencias y los privilegios de la devoción. En 1871 se restableció el culto público a Nuestra Señora de los Milagros y Virtudes, y se esculpió una nueva imagen. En 1876, durante una significativa ceremonia, la escultura fue entronizada en la iglesia de Saint-Sauveur. Por último, esta invocación especial a la Santísima Virgen alcanzó un gran esplendor en la era posrevolucionaria cuando, en 1908, el Papa san Pío X determinó que la imagen fuera coronada solemnemente, “observando los ritos y las fórmulas de costumbre y respetando las prescripciones canónicas, que exigen que la cabeza del Niño Jesús esté, al igual que la de su Madre, ornamentada con una diadema” (extracto de la carta del cardenal Merry del Val, secretario de Estado del Vaticano, al arzobispo de Rennes, monseñor Auguste René Dubourg).

¿Se conservó la imagen original?

En cuanto al destino de la primera imagen, las opiniones divergen. Hay quien dice que se perdió irremediablemente durante la Revolución Francesa, pero hay quien afirma y cree que la Virgen fue meritoriamente recompuesta después de su destrucción.

En efecto, en una sacristía secundaria de la iglesia de Saint-Sauveur, entre otras esculturas sagradas y reliquias que la frialdad de las almas ha relegado al olvido, se encuentra una graciosa imagen de la Santísima Virgen, con todas las características de la estatua original de Nuestra Señora de los Milagros y Virtudes, que los devotos —por pocos que sean, lamentablemente— aseguran que se trata de la milagrosa imagen restaurada. No se sabe con exactitud cuándo ni cómo se produjo su reaparición.

Lo cierto es que a sus pies acuden peregrinos y curiosos, entre los que se encuentran misioneros montfortianos, vestigios de la obra fundada por san Luis María Grignion de Montfort. Año tras año, acuden a ofrecer flores a la Virgen, en homenaje de piedad filial.

El brazo derecho de la imagen, precisamente el que se movió durante el milagro de 1357, está brutalmente cortado. Este brazo que falta parece decir: “Los milagros ya no tienen cabida en esta era ‘adulta’ y ‘desmitificada’ de la Revolución”. ¡Y así, ese vacío simbólico se yergue como una amenaza!

Ahora bien, no es la duda sobre la autenticidad de la imagen primitiva lo que más consternación despierta entre los fieles. Lo más lamentable es el olvido, por no decir la crasa ignorancia, a la que se ha relegado una antigua y venerable imagen, posiblemente la milagrosa estatua esculpida en el siglo XII y destrozada por los iconoclastas revolucionarios de 1789.

La Santísima Virgen espera, en el cielo, la plena restauración de su gloria, prevista en las apariciones de Fátima en 1917. Sin embargo, ¿quién conoce los milagros y las maravillas que Ella obra para acelerar ese día? La fe y la confianza nos aseguran que pronto todo esto se dará a conocer. Y que el olvido, la ignorancia y el desprecio que Ella soporta hoy solo habrán servido para realzar sus grandezas, cuando el Corazón Inmaculado de María triunfe en Rennes, en Francia y en el mundo. 

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