Vidas de Santos San Cesáreo de Arlés

Obispo y confesor

Obispo y confesor, gran administrador, predicador y teólogo, gobernó con prudencia y audacia apostólica la sede de Arlés durante cuarenta años, destacándose en la historia de ese turbulento período como el principal obispo de la Galia. Eruditos e historiadores estudian hoy su vida y sus escritos.

Plinio María Solimeo

Imagen del obispo san Cesáreo de Arlés, la iglesia de San Cesáreo (Arlés, Francia)

San Cesáreo de Arlés es probablemente el santo de los siglos V y VI más estudiado y sobre el que existe una bibliografía más abundante en nuestros días. Según Compitum —un sitio web dedicado a investigaciones y novedades sobre la Antigüedad romana y la latinidad— Cesáreo fue “un hombre lleno de fuego, un predicador incansable, el más prolijo del mundo latino después de san Agustín”.

En efecto, “Cesáreo de Arlés despierta un enorme interés, aún más fuera de Francia que en su propio país. Es objeto de cientos de publicaciones e investigaciones, en una docena de idiomas”.1

En la historia de la vida monástica de los siglos V y VI, san Cesáreo ocupa en las Galias un lugar de honor entre san Martín de Tours y san Honorato de Lérins. Fue contemporáneo de san Columbano y de san Benito de Nursia, a quien sobrevivió apenas algunos meses. Tuvo, como veremos, relaciones con varios santos de su tiempo.

El documento esencial para la historia de este santo es el libro titulado Vida. Fue escrito poco después de su muerte, a pedido de su hermana, por cinco de sus discípulos: los obispos Cipriano de Goulon, Firmino de Uzès y Vivencio, el presbítero Mesiano y el diácono Esteban. También ilustran su historia su testamento, cartas escritas o recibidas, actas de los concilios en los que participó, tratados y sermones, además de otras obras, principalmente las reglas monásticas que compuso para los monasterios que fundó: uno para hombres (Ad Monachos) y otro para mujeres (Ad Virgines). Estas reglas sirvieron de base para los monasterios masculinos y femeninos fundados posteriormente. Estos preciosos documentos son indispensables para el conocimiento de su época.

Santa Cesira o Cesárea

Cesáreo nació en Châlons-sur-Saône, en Borgoña, entre los años 470 y 471. Según la tradición, era hijo de padres cristianos pertenecientes a la aristocracia galo-romana. Tuvo al menos una hermana, Cesira (o Cesárea), nacida hacia 465, que llegaría a ser superiora del primer monasterio femenino de las Galias fundado por su hermano, siendo ya obispo de Arlés.

El historiador Thomas J. Shahan así se expresó sobre este monasterio: “Asombró a sus contemporáneos, que lo consideraban como un arca de salvación para las mujeres en aquellos tiempos tempestuosos, y le arrancó al Papa Hormisdas (514-523) un grito de admiración, conservado en la carta por la que, a petición de Cesáreo, aprobó y confirmó esta nueva obra”.2 Cuando san Cesáreo murió, dicho monasterio contaba con doscientas religiosas.

Santa Cesárea sobrevivió a su hermano, quien en su testamento le dejó como recuerdo especial un gran manto que ella misma había confeccionado para él (mantum majorem quem de cannabe fecit).

Mapa de 1580 de Châlons-sur-Saône, ciudad natal de san Cesáreo

En el monasterio de Lérins

Cesáreo ingresó en el clero de su ciudad a los dieciocho años aproximadamente, permaneciendo por espacio de unos dos años. Luego se encaminó al monasterio de Lérins para convertirse en monje.

Este monasterio, fundado y habitado por monjes y santos, era un importante centro intelectual y destino común de aristócratas de la Galia en los siglos V y VI, habiendo dado a la Iglesia numerosos obispos que marcaron el escenario eclesiástico y político de la época.

Cesáreo se entregó con ardor juvenil a la vida conventual. Se excedió de tal modo en la mortificación, que su salud se deterioró. Su superior juzgó entonces conveniente enviarlo a Arlés para que se recuperase. Además de la fama de poseer buenos médicos, el obispo local, san Eonio, era tío del enfermo.

San Eonio, obispo

Una página de la famosa adaptación de la Lex Romana, hecha por san Cesáreo, la cual quedó conocida como Breviarium Alarici y se convirtió el código civil de la Galia

También oriundo de Châlons-sur-Saône, san Eonio asumió la sede episcopal de Arlés a comienzos del año 485. Situada cerca de la desembocadura del río Ródano y no lejos de Marsella, aquella ciudad era conocida como “la pequeña Roma de las Galias” y conservaba aún su antigua importancia en la vida social, comercial e industrial de la Galia y del mundo mediterráneo en general.

Llegado a dicha ciudad probablemente poco antes del fin del siglo V, Cesáreo conquistó por sus brillantes cualidades la estima y el afecto de su tío, quien le confirió el diaconado y la ordenación sacerdotal, nombrándole después abad de un monasterio allí existente.

La estima de san Eonio por Cesáreo fue aún más lejos: sintiendo que la muerte se aproximaba y reconociendo los méritos de su sobrino, exhortó al clero y a los señores visigodos de la ciudad a que lo eligiesen para sucederle en el cargo.

Habiendo recibido la promesa de que su voluntad sería observada, destinó en su testamento todos sus bienes al rescate de cautivos y al socorro de los pobres de su iglesia, y durmió en el Señor hacia el final del verano del año 502.3 Cesáreo sucedió efectivamente a su tío, al parecer a los treinta y tres años de edad.

Concilio de Agda

San Cesáreo enfrentó tres sucesivas invasiones de bárbaros: la de los visigodos comandados por Alarico; la de los ostrogodos, que bajo Teodorico el Grande desplazaron a los visigodos; y la de los francos, que bajo Clotario y Quildeberto los vencieron y se adueñaron de la Galia.

Por ser arriano, Alarico II detestaba a los católicos que seguían al Concilio de Nicea. De ahí se comprende por qué, sin juicio ni pruebas, san Cesáreo fue acusado de traición y desterrado a Burdeos. Sin embargo, probada la inocencia del santo, el bárbaro lo dejó libre para convocar en 506 un concilio en Agda (en latín: Agatha), en la costa mediterránea al este de Narbona. Presidido por el santo, participaron en él treinta y cinco obispos.

Ese concilio promulgó cuarenta y siete cánones sobre la disciplina eclesiástica, versando principalmente sobre las condiciones morales del clero y de los laicos en la región histórica de la Septimania, en aquella época de transición entre el orden social romano y la llegada de los visigodos. En dicho concilio, en cooperación con los obispos y el clero católico, Cesáreo publicó una célebre adaptación de la Lex Romana que quedó conocida como Breviarium Alarici y se convirtió en el código civil de la Galia.

San Albino, obispo

Discípulo de san Cesáreo, san Albino, obispo de Angers (469-530), convocó por consejo e inspiración de su maestro el III Concilio de Orleans, durante el cual fueron condenadas con energía diversas prácticas inmorales, especialmente entre la nobleza, como los matrimonios incestuosos, tan frecuentes en la Galia.

San Albino nació el año 469 y su primer biógrafo fue san Venancio Fortunato (530-609), obispo de Poitiers. Entregó su alma a Dios mientras regresaba de un largo viaje a Arlés, donde había consultado a san Cesáreo sobre asuntos del gobierno episcopal.

Disciplina firme y misericordiosa

El concilio de Orange, en 529, fue ciertamente el más importante presidido por Cesáreo, durante el cual sus declaraciones sobre la gracia y el libre albedrío fueron después elogiadas incluso por historiadores modernos.

Ruinas romanas de la ciudad de Arlés

Como bien dice un historiador: “Si a estos concilios [dirigidos e influenciados por san Cesáreo] añadimos el ya mencionado de Agda, los de Gerona, Zaragoza, Valencia y Lérida en España (516-524), y los de Epaone (517) y Orleans (538, 541) en la Galia, tenemos un retrato documental contemporáneo de un gran legislador y reformador eclesiástico galorromano cuyo código cristiano pretendía y logró dos cosas: una disciplina firme, pero misericordiosa y humana, del clero y del pueblo, y la estabilidad y decencia de la vida eclesiástica, tanto clerical como monástica”.4

Enfrentándose a los bárbaros

Puede decirse que en aquel tiempo de cambios y grandes transformaciones de las primeras décadas del siglo VI, san Cesáreo estuvo sujeto a todas las vicisitudes, con el gobierno oscilando entre los bárbaros visigodos y ostrogodos, borgoñones y francos, que con el rey Quildeberto (496-558) —el más religioso de los hijos de Clodoveo y de santa Clotilde— se convirtieron en señores de la Galia en 538. Como muchos de sus súbditos eran aún paganos, san Cesáreo se hizo entonces abogado y defensor de la población galorromana.

El prestigio y la creciente influencia del santo sobre la población preocupaban a los nuevos señores. Por ello, san Cesáreo fue primeramente exiliado por Alarico, y después, en 508, deportado temporalmente por los victoriosos ostrogodos, que lo obligaron a justificarse en Rávena ante su rey Teodorico el Grande.

Profundamente impresionado por la santidad de Cesáreo, aquel monarca no solo lo trató con gran distinción, sino que le obsequió un valioso cinturón de cuero adornado con piedras, que junto con el palio recibido del Papa se convirtieron en las más famosas reliquias del santo.

En Roma, con san Símaco

Relicario del obispo san Cesáreo, venerada en la Basílica de San Trófimo en Arlés

Desde Rávena, el santo aprovechó la ocasión para visitar en Roma al Papa san Símaco (498-514). Este lo colmó de honores: le confirió el palio, siendo la primera vez que se concedía a un obispo occidental; otorgó al clero de Arlés el uso de la dalmática, propia del clero romano; lo confirmó como metropolitano y, en junio de 514, renovó su dignidad de vicario de la Sede Apostólica en la Galia, a través de la cual san Cesáreo quedaba ungido como representante de los intereses de la Iglesia tanto en la Galia como en Hispania, con la facultad de convocar sínodos.

En esa función, san Cesáreo se mostró como un cooperador inteligente y dedicado, que se esforzó para confirmar la autoridad pontificia no solo en su propia provincia, sino en toda la Galia. Utilizó su cargo de vicario para convocar la importante serie de concilios ligados para siempre a su nombre, presididos o incentivados por él, cuyos decretos son en parte o totalmente de su propia composición.

Esos concilios y sínodos fueron de una importancia primordial para la futura vida religiosa y eclesiástica de los nuevos reinos bárbaros de Occidente.

La reconocida historiadora Marie José Delage (1933-2025) subraya que Cesáreo fue el primer obispo de la Iglesia de Occidente en construir un hospital y dotarlo de personal especializado. También se distinguió por la utilización de sus bienes personales y los de la diócesis en la asistencia a los indigentes y en el rescate de cautivos, numerosos en aquella época tumultuosa que siguió a la caída de Roma en 476.

Sermones y muerte

No pudiendo extendernos sobre otros hechos notables de la vida de san Cesáreo, nos limitamos a decir algo sobre sus sermones, de los cuales se conservan 238. Ellos revelan de tal manera su desvelo por la evangelización de aquellos pueblos semipaganos, que repercutieron en Alemania, fueron repetidos en la poesía anglosajona y aparecieron en las obras de Graciano de Tours y santo Tomás de Aquino.

El santo solía comenzarlos con una introducción sencilla y familiar, ofreciendo algunas verdades claras presentadas de manera agradable y práctica, y concluía con una recapitulación.

Cinturón de cuero que perteneció al obispo san Cesáreo, con hebilla de marfil del siglo VI, conservada en el Museo Departamental de Arlés

La mayoría “tratan sobre los principios de la moralidad cristiana, las sanciones divinas: el infierno y el purgatorio, las diversas clases de pecadores y los principales vicios de su época y entorno, como el adulterio y el concubinato, la embriaguez, el descuido de la misa, el amor a la riqueza, la cuestión de la propiedad, y las numerosas supervivencias de un paganismo que solo recientemente había sido superado”.

El historiador señala que “en ellos se reproduce la vida popular de la Provenza francesa, a menudo con una precisión fotográfica, y muchas veces con ingenua benevolencia”.5 Son un verdadero diccionario de sinónimos, valioso para estudiantes de historia, ya sea de derecho canónico, historia del dogma, disciplina o liturgia.

Cuando percibió que su fin se aproximaba, Cesáreo redactó con todo el formalismo de la ley romana su testamento en favor de sus amadas religiosas, recomendándolas al afecto de su sucesor. Dejó, como vimos, a su hermana santa Cesárea, un manto que ella misma le había confeccionado. Su festividad litúrgica se celebra el día 27 de agosto.

 

Notas.-

1. http://compitum.fr/publications/12154–cesaire-darles-et-les-cinq- continents-volume-ii.
2. Thomas J. Shahan, St. Caesarius of Arles, The Catholic Encyclopedia, 1912, CD Room edition.
3. Cf. https://fr.wikipedia.org/wiki/%C3%89on_d%27Arles.
4. https://www.catholic.com/encyclopedia/caesarius-of-arles-saint.
5. Shahan, op. cit.

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