¿Qué llevaría a un pastor bautista con una larga trayectoria a abandonar su religión e ingresar en la Iglesia Católica, que antes rechazaba? Esta no es una historia aislada. En los últimos años, un número sorprendente de protestantes prominentes —pastores, académicos, líderes políticos e incluso el antiguo capellán de la reina Isabel II— han emprendido el camino hacia Roma. Algo está cambiando, silenciosa y profundamente, bajo la superficie de nuestra cultura. Y ahora hay un nombre más que añadir a esa larga lista de convertidos. El Dr. Jerry Johnson fue pastor de la Convención Bautista del Sur, la mayor denominación protestante de los Estados Unidos de América. Se desempeñó como rector de un seminario protestante y presidente de una facultad cristiana, así como de emisoras religiosas norteamericanas. Conocía los argumentos contra el catolicismo, pues él mismo los enseñaba; pero algunas preguntas se negaban a desaparecer. Tras años de estudio, oración y lucha interior, cruzó el Tíber. ¿Qué cambió? ¿Qué pasajes bíblicos desempeñaron un papel en su conversión? Esta es la historia de cómo el Dr. Jerry Johnson encontró el camino hacia Roma, narrada en esta entrevista que concedió a nuestro colaborador John Ritchie, director de la campaña America Needs Fatima. Tesoros de la Fe — Cuéntenos un poco acerca de su trayectoria, cómo se desarrolló su vida como protestante y, más recientemente, como católico. Dr. Jerry Johnson — Crecí en el este de Texas, en una comunidad vinculada a una iglesia de la Convención Bautista del Sur. Viví en un hogar cristiano. Mis padres eran personas maravillosas, y manteníamos una relación muy cercana. Ellos me enseñaron, junto con esa iglesia, a creer en Dios, a confiar en la Biblia y a amar a Jesús. Escuché el Evangelio desde muy joven, tanto en aquella iglesia como en el seno de mi familia. Durante la adolescencia, tuve algunas dificultades con mi fe y con vivirla plenamente. Seguía creyendo en todo aquello, pero era un poco travieso. Sin embargo, alrededor de los quince años de edad, Dios me ayudó y me comprometí nuevamente con Jesucristo. Sentí un llamado a enseñar y predicar. Ya a los dieciséis años comencé a predicar en aquella pequeña iglesia doméstica en la que había crecido. Al ingresar en la universidad, a los dieciocho años, fui llamado para ser pastor allí. Puede sonar extraño para algunos católicos y otros, pero no es algo inusual en círculos protestantes o bautistas. Comencé en la Universidad Baylor, la mayor y, en cierto sentido, la más prestigiosa universidad bautista. Me convertí en pastor universitario. Pero allí me encontré con el liberalismo teológico, lo cual me perturbó. Abandoné Baylor en señal de protesta y me trasladé al Criswell College, en Dallas, Texas, una institución relativamente nueva, fundada expresamente para sostener una visión alternativa del ministerio dentro de la Convención Bautista del Sur. Se convirtió en el epicentro de lo que se denominó el resurgimiento conservador. Fue una experiencia educativa enriquecedora.
Tuve que cursar un año de griego, un año de hebreo, teología sistemática, y otras materias que la mayoría de las personas no estudian hasta ingresar en el seminario para un máster o doctorado. Aquellos profesores me enseñaron a amar la Biblia y a estudiarla en los niveles más altos. Más tarde obtuve un máster. Después fui pastor en una iglesia de Colorado durante diez años, perteneciente a la Convención Bautista. Posteriormente, realicé un doctorado en el Seminario Teológico Bautista del Sur, la institución matriz más antigua de los seminarios bautistas sureños. Fui nombrado miembro del consejo administrativo debido a mi oposición declarada al liberalismo y a mi defensa de la Biblia como inspirada e infalible. Así me convertí en activista dentro de la Convención Bautista del Sur, en medio de la controversia en torno a las Escrituras.
Tesoros de la Fe — ¿Y cómo eran sus relaciones con la Iglesia Católica y con los católicos en general? Dr. Jerry Johnson — Todas aquellas universidades y seminarios bautistas no eran católicos y criticaban al catolicismo. Al mismo tiempo, curiosamente, yo había comenzado a colaborar con católicos en el movimiento provida, y participé durante años en un grupo de reflexión con muchos católicos, además de tener amigos católicos. Aun así, sentía que debía celebrar a Lutero y las 95 tesis que clavó en la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg. Era, pues, una mezcla extraña de experiencias. Debo decir, sin embargo, que encontré mi camino a través de la lectura: ese fue el medio de Dios. Me conecté realmente con la Iglesia Católica mediante los libros. Probablemente comencé con C.S. Lewis, quien mencionó que El hombre eterno, de G.K. Chesterton, fue el libro que lo condujo del agnosticismo a la fe cristiana. Empecé a leer autores católicos como Hilaire Belloc y otras fuentes católicas, libros… y me sentí atraído. Durante unos cinco años exploré y consideré seriamente la fe católica. Pasé tiempo reflexionando sobre doctrinas y razones por las cuales no me haría católico. Muchas eran cosas que ya había oído y pensado antes, pero también aparecieron nuevos obstáculos. Sin embargo, lo que sucedió fue que, lenta pero sustancial y espiritualmente, creo que Dios me iba atrayendo hacia la Iglesia Católica.
Un día, mientras cazaba alces en una montaña de Colorado, en medio de la nieve profunda, había estado pensando en ello todo el día. Simplemente me arrodillé en la nieve, con el rifle en la mano, y dije: “Sí, Señor, si esta es tu voluntad, lo haré. Aún quiero saber. Guíame, condúceme, cierra la puerta si estoy equivocado. Pero es una cuestión del corazón y de la voluntad”. Tomé la decisión aquel día. Y aproximadamente un año después ingresé en la Iglesia Católica.
Tesoros de la Fe — ¿Hubo algún pasaje en la Biblia que llamara su atención o que se destacara por señalar la verdad enseñada por la Iglesia Católica? Dr. Jerry Johnson — Yo creía que la Biblia era inspirada, autorizada, inerrante. Esa convicción, ese sello, ese “ADN”, había sido en realidad el punto de partida para mí. Existen tres doctrinas específicas: la doctrina de la Iglesia, la doctrina de la comunión —es decir, la Cena del Señor— y lo que la Biblia enseña sobre la unidad, esto es, la Iglesia como una. Hay seis pasajes principales del Nuevo Testamento sobre la Eucaristía: tres en los Evangelios sinópticos, luego en 1 Corintios 10, otro en 1 Corintios 11 y, finalmente, Juan 6. Algunos bautistas y protestantes sostienen que esos textos no se refieren directamente a la Eucaristía. Pero dejando eso de lado, para fines de argumentación, comenzaré con el primero. En Mateo 26 se lee: “Mientras comían, Jesús tomó el pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: Tomad, comed; esto es mi Cuerpo”. Los conservadores de mi corriente siempre afirmaban que cada palabra es importante. Jesús dijo: “Esto es mi Cuerpo”. Entonces, significa exactamente lo que dice. Algo decisivo estaba ocurriendo en la Cena. Y resulta muy interesante que en 1 Corintios 10 san Pablo declare que bendecimos el cáliz, bendecimos el pan y, al hacerlo, participamos de Él. Nos convertimos en partícipes del Cuerpo de Cristo. San Pablo estaba comentando ese concepto de bendición, y sabemos que los primeros Padres de la Iglesia enseñaron que la bendición era un elemento clave. Llegué a la conclusión de que eso era precisamente lo que estaba definido allí: la consagración del pan y del vino. Por un milagro, se convierten en lo que Jesús dijo que eran: el Cuerpo y la Sangre de Cristo, junto con su alma y su divinidad. Por tanto, es la Presencia Real de Cristo o, como santo Tomás de Aquino lo denominó filosóficamente, la transustanciación. Debo confesar que los bautistas creen en la “ausencia real” de Cristo. Es decir, consideran que se trata de un homenaje, de un símbolo, pero no de la presencia de Cristo en modo alguno. Es interesante que muchos protestantes sostengan que se trata de una cierta presencia espiritual, que Cristo está “con” y “bajo” los elementos de alguna manera. Pero al estudiar la historia de la Iglesia comprendí que, durante los primeros mil quinientos años, nadie siquiera planteó esa hipótesis. No existe ningún teólogo de relevancia en los primeros mil años que haya puesto en duda la Presencia Real de Cristo. Si uno se basa en el texto bíblico y en los Padres de la Iglesia, no hay realmente alternativa. Por tanto, esa fue la primera doctrina que me llevó a considerar las afirmaciones de la Iglesia Católica.
Tesoros de la Fe — Tengo curiosidad por saber cómo analizó usted el pasaje: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 18). Dr. Jerry Johnson — Muchos protestantes interpretan de diversas maneras esa afirmación, me refiero a la doctrina de la Iglesia sobre el papel de Pedro. Jesús dijo: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”.
Pedro acababa de realizar la gran confesión. Algunos protestantes y bautistas sostienen que la piedra es la confesión o la divinidad de Cristo. Pero eso no resulta posible cuando se observa la estructura del texto. Jesús continúa diciendo: “ Te daré las llaves. Lo que ates, lo que desates…”. En el texto, Cristo habla claramente de manera personal. Eres TÚ, Pedro. Nuevamente, TÚ, Pedro. El contexto es, pues, bastante claro. Lo que se dice a continuación —“Te daré las llaves”— tiene una conexión con el Antiguo Testamento que no podemos explorar ahora, pero que es muy poderosa. Queda claro: “Todo lo que ates será atado, y todo lo que desates será desatado”. Y Pedro asume ese papel de liderazgo. Así, una vez que aceptamos que Pedro es la roca, que posee las llaves, que tiene esa autoridad para atar y desatar, que ejerció ese papel en el Nuevo Testamento y en el testimonio de los primeros Padres de la Iglesia, y reconociendo que, al aceptar la autoridad de enseñanza de la Iglesia —lo que llamaríamos la Tradición oficial—, no queda otra interpretación sino la católica. Y luego, por supuesto, hay un versículo realmente poderoso. Pregunté a un bautista, amigo mío: “¿Cuál es la columna y el fundamento de la verdad?”. La reacción instintiva de la mayoría de los protestantes es responder: “La Biblia”. Y eso aún resuena en mi mente si pienso rápidamente, pero ahora sé más, porque la propia Biblia dice: “La Iglesia es la columna y el fundamento de la verdad” (1 Tim 3, 15). Esto no disminuye la autoridad de las Escrituras, pero significa también que existe otra autoridad ordenada por Dios: la Iglesia. La Iglesia creció inicialmente sin ningún libro del Nuevo Testamento durante los primeros diez o veinte años, y ciertamente sin todos los libros que conocemos, durante doscientos o trescientos años: sin un canon establecido. El argumento protestante sostiene que, en algún momento, la Iglesia Católica se volvió tan corrupta, tan equivocada, tan mala o lo que fuere, que necesitó ser refundada. Pero Jesús prometió que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. La Iglesia Católica es la mayor iglesia del mundo, con 1,450 millones de miembros. Más que todas las demás iglesias juntas. Es la iglesia más antigua del mundo. Es la organización en funcionamiento continuo más antigua del mundo. La Sede de Pedro es el cargo más antiguo en ejercicio ininterrumpido hasta hoy. Si consideramos su influencia en el arte, la arquitectura, la medicina… hay más empleados en hospitales católicos de Estados Unidos que en McDonald’s. Los católicos administran el mayor sistema de escuelas privadas del país. Podría continuar indefinidamente, pero la influencia católica en favor del bien, de la verdad y de la belleza es un aspecto muy poderoso para mí. Y ciertamente, la Iglesia no ha muerto. Está aquí y sigue creciendo. Ese es uno de los mitos que necesita ser desmentido. Puede que haya protestantes leyendo esto, y me gustaría apelar a que consideren la idea. Pueden decidir rechazarla, pero si son honestos con la historia y con las afirmaciones, deben al menos ponderarla.
Tesoros de la Fe — ¿Qué opinión le merece la ola de conversiones a la Iglesia Católica? Dr. Jerry Johnson — En los dos últimos años he notado un aumento en las conversiones a la Iglesia Católica, y se han realizado estudios al respecto. Es un hecho. Uno de los puntos principales que algunos autores que investigan el fenómeno destacan es que la adoración de la Sagrada Eucaristía —en particular la adoración perpetua— ha sido el factor que ha atraído al mayor número de almas y de conversiones a la Iglesia Católica en los últimos cinco años. Es absolutamente cierto que los jóvenes de esta generación están considerando a la Iglesia Católica con gran seriedad, y nuevas cifras lo confirman.
Tesoros de la Fe — ¿Por qué las denominaciones protestantes se fragmentan constantemente? Dr. Jerry Johnson — Sí. En realidad, esa es la tercera doctrina que fue fundamental para mi conversión. Tanto, que me obligó a someterme a la Iglesia Católica. La idea de la unidad y unicidad de la Iglesia fue lo que me hizo sentir que debía dar ese paso. El pasaje se encuentra en Juan 17. Es la última oración de Jesús antes de la Pasión. Y Él repite esta frase cuatro veces: “Para que sean uno”. Imagine usted a Jesucristo, Nuestro Señor, repitiendo una misma súplica cuatro veces en su oración. Cada año tenemos la Marcha por la Vida en Washington D.C. Me gusta participar. Allí se congregan católicos, presbiterianos, bautistas y otros. Todos unidos contra el aborto. Pero esa es una forma específica de unidad. Nuestro Señor dijo algo distinto: “Para que sean uno, como nosotros [el Padre y yo] somos uno: Yo en ellos y Tú en mí, para que sean perfectos en unidad” (Jn 17, 22-23). Se trata de una unidad orgánica, real, física y metafísica. Una de las cosas que afirmamos en las relaciones trinitarias es que existe un único Dios absoluto, uno solo, en tres personas. De igual modo, tenemos muchas parroquias, congregaciones y ciudades, pero hay una sola Iglesia. Esa es la unidad. Es algo muy profundo. Y hay una razón para ello. Creo que esto resulta también muy persuasivo.
Tesoros de la Fe — ¿Tendría usted alguna consideración final sobre su conversión o un mensaje que desee transmitir? Dr. Jerry Johnson — El mayor desafío que enfrentamos en la civilización occidental es la degradación de la vida, la cultura de la muerte y, principalmente, el aborto, pero también la eutanasia. Cuando estudiaba en el Seminario Teológico Bautista del Sur y cursé la asignatura de Ética —que fue realmente la puerta de entrada para que luego realizara mi doctorado en Ética—, uno de los grandes profesores dijo en un aparte: “Sabe, en realidad, los católicos poseen lo mejor, el material más filosófico y más práctico sobre ética en lo que respecta a la vida, a la procreación, a la santidad de la vida humana y a la eutanasia. Tienen a los mejores estudiosos, los mejores argumentos y la riqueza de la Tradición. Es sencillamente incomparable”. No existe nada semejante en el mundo bautista o protestante. El día en que ingresé en la Iglesia fue una experiencia maravillosa. Me levanté y dije: “Creo y profeso todo lo que la Santa Iglesia Católica enseña y proclama”.
Tesoros de la Fe — Muchas gracias, Dr. Johnson. Que Jesús y María continúen dándole fortaleza mientras libra usted el buen combate.
|
|
|
A dónde lleva la moda de los tatuajes Se realizó a comienzos de año en Caracas, del 26 de enero al 4 de febrero, un festival de individuos tatuados —el “Venezuela Expotatoo 2012”—, donde se presentaron personas que operaron en sí “extremas transformaciones corporales” y tatuajes. Estuvieron presentes cerca de 200 tatuadores de... |
|
Institución de la Eucaristía En esta última cena, el Salvador dio a los hombres la señal más evidente del amor que les profesaba, instituyendo el Sacramento de la Eucaristía... |
|
El Santo Rosario arma poderosísima Hay que creer que la misma Reina celestial añadió gran virtud a esta oración fundada y propagada por el ínclito Patriarca Domingo, por inspiración e impulso de la Señora... |
|
El formidable poder de la música Nacido en Pittsfield, Massachusetts (EE.UU.), Philip Calder ya mostraba un gran talento musical a los siete años, cuando empezó a recibir clases de piano... |
|
La Virgen en el mediodía Es mediodía. Veo la iglesia abierta. Es preciso entrar. Madre de Jesucristo yo no vengo a rezar. No tengo nada que ofrecer ni nada que pedir... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino