Vidas de Santos San Conrado de Piacenza

Taumaturgo y confesor

San Conrado Confalonieri, más conocido como san Conrado de Piacenza,
fue un noble italiano de finales del siglo XIII que se hizo ermitaño y cuya fama de santidad le acompañó durante toda su vida, salpicada de milagros
y hechos sobrenaturales.

Plinio María Solimeo

De noble origen, Conrado nació en Calendasco, feudo de su familia en los alrededores de Piacenza, norte de Italia, hacia 1290.

Muy virtuoso, vivía conforme a su condición nobiliaria, siendo la caza su afición preferida. Un día, acompañado de criados, estaba cazando suntuosamente con caballos y perros y, al no poder expulsar a los conejos (o gamos, según otros) de un matorral, le prendió fuego.

Como la vegetación estaba casi seca y soplaba viento, el fuego empezó a extenderse por la zona, alcanzando a las plantaciones más cercanas. Incapaz de controlar el devastador incendio, Conrado se apresuró en volver sigilosamente a la ciudad, para no ser visto.

Su acto de locura llegó a oídos de Galeazzo Visconti, que se había convertido en señor de Piacenza en 1311 y de Milán en 1322. Este envió guardias a la zona afectada para encontrar al probable causante de la conflagración.

Después de varios intentos, la policía encontró cerca a un pobre mendigo que no supo explicar qué hacía allí. Llevado a prisión para ser interrogado, a pesar de negar toda implicación en lo ocurrido, comenzó a ser torturado para que confesara su presunto delito. Incapaz de soportar el dolor, el infeliz terminó confesando ser el autor del crimen que no había cometido. Y como no tenía los medios para pagar los cuantiosos daños causados por el incendio, fue condenado a muerte.

Conrado admite públicamente su fechoría

El caso dio mucho que hablar. Y Conrado, que no pudo reprimir los clamores de su conciencia cuando supo que se llevaban al mendigo para ejecutarlo, decidió enfrentarse a la ira de Visconti admitiendo públicamente que él había sido el autor del incendio, liberando así al pobre inocente.

Pero las cosas no eran tan sencillas. ¿Qué pasaba con los inmensos daños causados por el siniestro? Sabiendo que no podía ser condenado a muerte, aceptó pagar los cuantiosos daños con sus bienes, que no eran insignificantes, lo cual fue aceptado por su señor feudal.

Castillo de Calendasco donde, según una tradición, nació san Conrado

Se vuelve hermano terciario franciscano

En la flor de su juventud, a la edad de 25 años, reducido a la pobreza, vio en lo ocurrido la mano de Dios. Desilusionado con las cosas de este mundo, resolvió vivir solamente para el Creador. Así, en 1315, se unió a los ermitaños terciarios franciscanos que vivían en una ermita cerca de Calendasco.

Viviendo con gran austeridad y dedicándose por entero a la oración y la penitencia, el hermano Conrado se hizo conocido y admirado, adquiriendo fama de santidad. Como en la Edad Media la vida virtuosa era atrayente, creció el flujo de visitantes que deseaban tener algún contacto con él.

Como en Calendasco ya no conseguía vivir en la soledad que anhelaba, el hermano Conrado resolvió partir en busca de aislamiento. Después de peregrinar a Roma y Tierra Santa, se dirigió a la isla de Malta, donde en la actualidad existe una gruta que lleva su nombre.

En busca de la soledad

Siempre en busca de un mayor aislamiento, hacia 1340 el santo partió hacia Val di Noto, cerca de Palermo, donde se instaló en otra gruta. Allí continuó su vida austera y penitente en soledad, realizando numerosos milagros. Dios asimismo le concedió el don de profecía.

Para conseguir el pan de cada día, Conrado alternaba la oración con el trabajo manual, aunque era muy austero y moderado con su dieta. Por eso el demonio intentó tentarlo de gula. Se resistió con gallardía y, para vencer al enemigo de la humanidad, resolvió comer aún menos.

Hojeando la Vita beati Corradi —el documento más antiguo que tenemos sobre el santo, escrito en dialecto siciliano por un anónimo a finales del siglo XIV— uno tiene la impresión de estar leyendo episodios de los Fioretti de san Francisco de Asís, de la vida de los primeros ermitaños o de los Diálogos de san Gregorio Magno. Porque son muchos los hechos, milagros y oraciones de este taumaturgo, que atraía incluso a los pájaros, que se posaban en sus hombros y le cantaban dulcemente.

El beato Guillermo Buccheri

En 1343, Conrado se sintió llamado por Dios a servir más directamente a los habitantes de la ciudad de Noto. Así, durante dos años atendió a los enfermos del Hospital de San Martín.

Durante este tiempo vivió en completa soledad en la Grotta dei Pizzoni, cerca de Noto, en una ermita anexa a la iglesia de Cristo Crucificado. Para recibir los sacramentos de la confesión y de la comunión, acudía a Noto, donde había un sacerdote que le tenía devoción.

En algunas ocasiones, recibía en su ermita al beato Guillermo Buccheri de Sicli (1309-1404), de la familia Buccheri, antiguo escudero del rey Federico II de Sicilia, que también se dedicaba a una vida de soledad y oración.

San Conrado iba a pasar la Cuaresma en Noto, en compañía de Buccheri —beatificado en 1537, cuya fiesta se celebra el 4 de abril— y luego volvía regularmente a su gruta para rezar en silencio.

Ermita de san Conrado en Noto, Siracusa

Oración por la Iglesia y devoción a la Santísima Virgen

En su aislamiento en Val del Noto, el santo ermitaño elevaba sus plegarias a Dios por la Iglesia y la perseverancia de los católicos, la salud de sus enfermos, así como por la conversión de los pecadores en el mundo entero.

Su devoción a la Virgen María se evidenciaba también en su vida, como lo demuestra la oración que recitó a un amigo y devoto que le pidió que le enseñara a rezar. Como terciario franciscano, su saludo era evangélico y franciscano: “La paz sea contigo” o “Cristo te dé la paz”.

Los “milagros del pan”

A san Conrado de Piacenza se le atribuyeron muchos milagros en vida. Algunos de los más famosos se conocen como los “milagros del pan”. Esto se originó durante la carestía que asoló la isla de Sicilia a consecuencia de un grave brote de peste bubónica en Europa durante los años 1348 y 1349. Conocida como “la peste negra”, la enfermedad afectó a millones de personas y se cobró la vida de alrededor de un tercio de la población europea. Algunos llegan a afirmar que murió la mitad de la población.

Como Siracusa también se vio afectada por la escasez, presionados por el hambre, muchos habitantes de Noto acudieron a la ermita de san Conrado para pedir ayuda. Se dice que cada uno de ellos recibía del santo un trozo de pan aún caliente. Se afirmaba entonces que los había recibido de los ángeles.

Tal era su fama de taumaturgo que un día don Giacomo Guidone de Franchis, obispo de Siracusa de 1322 a 1361, con el pretexto de ir a pedir al santo oraciones para aliviar el hambre que asolaba la isla, fue a visitarlo para cerciorarse de que su fama tenía fundamento, sobre todo los famosos “milagros del pan”.

Después de conversar animadamente, cuando llegó la hora de partir, el prelado le preguntó a Conrado si tenía algo que ofrecer a sus huéspedes. Conrado entró en su celda y regresó con dos hogazas de pan recién horneado. El obispo de Siracusa y su comitiva, edificados, fingieron no darse cuenta del milagro. El ermitaño, por su parte, aprovechó la ocasión para pedirle al prelado que le atendiera en confesión.

Muerte y vida postrera del santo

Urna con los restos del santo

San Conrado murió arrodillado ante un crucifijo en Noto, sur de Sicilia, el día que había predicho: el 19 de febrero de 1351.

En el momento de su muerte, las campanas de Avola y Noto empezaron a repicar, sin la intervención de nadie, para anunciar su gloriosa muerte.

Los habitantes de ambas ciudades acudieron de inmediato a Noto, para obtener reliquias del santo. Luego, en otra escena medieval, ambas ciudades empezaron a disputarse por sus restos. Pero él se quedó en Noto, donde había pedido ser enterrado en la iglesia de San Nicolás, la principal de la ciudad.

Cuando Noto fue destruida por un terremoto en la década de 1690, las reliquias de san Conrado se trasladaron a una nueva iglesia, luego catedral, al crearse la diócesis de Noto, sufragánea de la diócesis de Siracusa.

El creciente número de milagros atribuidos a Conrado de Piacenza llevó a los gobernantes de Noto a pedir al obispo de Siracusa que iniciara el proceso de canonización.

En 1485, como parte del proceso, se exhumó el cuerpo del Siervo de Dios para examinarlo y se comprobó que estaba incorrupto. Fue entonces colocado en una urna de plata para su veneración. Fue beatificado por León X en julio de 1515 y canonizado por Urbano VIII en 1625.

Intercesor para la curación de las hernias

San Conrado de Piacenza es particularmente invocado por sus devotos para la curación de las hernias. Se le atribuyen varios milagros en este sentido. El primero, durante su vida, fue la curación de un niño aquejado de una hernia, sobre el que rezó una oración e hizo la Señal de la Cruz.

Gruta de san Conrado en Noto, Siracusa

Según la leyenda, otro milagro obrado por el santo fue en favor de un antiguo compañero de armas, Antonio da Stessa, de Daverio, que fue a visitarlo a su celda. Sufría de agudos dolores provocados por una hernia. Compadecido de su antiguo camarada, Conrado rezó por él. Stessa se curó inmediatamente de la hernia. El mismo resultado fue obtenido en favor de un sastre local que sufría gravemente de varias hernias.

 

Fuentes.-

* Santi e beati, Corrado Confaloniere di Piaenza.
* https://www.prayersandpetitions.org/feast-of-saint-conrad-of-piacenza-19th-february/.
* https://en.wikipedia.org/wiki/Conrad_of_Piacenza.
* https://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_Buccheri.

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