Hay, además, algunos que niegan a nuestras oraciones toda eficacia propiamente impetratoria 2 o que se esfuerzan por insinuar entre las gentes que las oraciones dirigidas a Dios en privado son de poca monta, mientras las que valen de hecho son más bien las públicas, hechas en nombre de la Iglesia, pues brotan del Cuerpo místico de Jesucristo. Todo eso es, ciertamente, erróneo: porque el divino Redentor tiene estrechamente unidas a sí no solo a su Iglesia, como a Esposa que es amadísima, sino en ella también a las almas de cada uno de los fieles, con quienes ansía conversar muy íntimamente, sobre todo después que se acercan a la Mesa Eucarística. Y aunque la oración común y pública, como procedente de la misma Madre Iglesia, aventaja a todas las otras por razón de la dignidad de la Esposa de Cristo, sin embargo, todas las plegarias, aun las dichas muy en privado, lejos de carecer de dignidad y virtud, contribuyen muchísimo a la utilidad del mismo Cuerpo místico en general, ya que en él todo lo bueno y justo que obra cada uno de los miembros redunda, por la comunión de los santos, en bien de todos. Y nada impide a cada uno de los hombres, por el hecho de ser miembros de este Cuerpo, el que pidan para sí mismos gracias especiales, aun de orden terrenal, mas guardando la sumisión a la voluntad divina, pues son personas libres y sujetas a sus propias necesidades individuales (cf. Suma Teológica, II-II, q. 83, a. 5 y 6). Y cuán grande aprecio hayan de tener todos de la meditación de las cosas celestiales se demuestra no solo por las enseñanzas de la Iglesia, sino también por el uso y ejemplo de todos los santos.
1. Pío XII, encíclica Mystici Corporis Christi, 29 de junio de 1943, disponible en https://www.vatican.va/. 2. Que sirve para impetrar (conseguir una gracia).
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