Estimados amigos: A lo largo de la historia, notables milagros eucarísticos han confirmado el dogma de la transubstanciación. En el momento de la Consagración, la parte más importante de la Misa, se renueva de forma incruenta el sacrificio del Calvario. Mediante las palabras sacramentales pronunciadas por el sacerdote, el pan de trigo y el vino de uva se convierten en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. El sublime misterio de la Eucaristía trasciende nuestra pobre inteligencia. Nuestros ojos solamente ven el pan y el vino, pero tenemos la certeza de la presencia sacramental de Jesucristo en la Sagrada Hostia, porque para Dios nada es imposible. Creemos en el misterio de la transubstanciación, porque la fe nos lleva a creer en Dios y en todas las cosas que hace. Como predicaba San Pablo, “la fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve. Por ella son recordados los antiguos. Por la fe sabemos que el universo fue configurado por la palabra de Dios, de manera que lo visible procede de lo invisible” (Hb 11,1-3). Por compasión y misericordia hacia los hombres, Dios nos ayuda a fortalecer nuestra fe, porque a veces —como el apóstol santo Tomás— necesitamos “ver para creer”. Así, en algunas ocasiones especiales, el Hombre Dios opera portentosos milagros, revelándose real y sustancialmente presente en las especies consagradas. Portentos que, en medio del caos y del agnosticismo que impera en el mundo contemporáneo, no han cesado. Hoy nos complace ofrecer a nuestros lectores un artículo de Luis Dufaur con datos históricos sobre estos hechos milagrosos. El autor recoge casos que han tenido lugar desde el siglo VIII hasta nuestros días. Nosotros hemos seleccionado aquellos que confirman de la forma más prodigiosa la Presencia Real en la Sagrada Eucaristía. En Jesús y María, El Director
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Milagros Eucarísticos Confirman la presencia de Nuestro Señor Jesucristo |
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Un sueño de san Juan Bosco Contemplé un gran altar dedicado a María y magníficamente adornado. Vi a todos los alumnos del Oratorio avanzando procesionalmente hacia él... |
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Cristo en la tempestad del mar de Galilea Sobre el mar de Galilea, ese lago de agua dulce normalmente caluroso y tranquilo, soplan repentinamente vientos fuertes desde el desierto, que levantan olas de hasta tres metros de altura... |
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No hay nada más constructivo que el 'no te es lícito' De la exhortación dirigida el día 29 de agosto de 1959,día del degollación de San Juan Bautista, a los fieles reunidos en la Sala de las Audiencias Generales de Castel Gandolfo... |
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Nada repugna tanto a la razón como una igualdad absoluta entre los hombres Todos los hombres son, ciertamente, iguales: nadie duda de ello, si se consideran bien la comunidad igual de origen y naturaleza, el fin último cuya consecuencia se ha señalado a cada uno, y finalmente los derechos y deberes que de ellos nacen necesariamente. Mas como no pueden ser iguales... |
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Rico no es sinónimo de ladrón ni de avariento No me cansaré de decir que no acuso al rico, sino al ladrón. Rico no es sinónimo de ladrón, ni opulento lo es de avaro. Distinguid bien y no confundáis cosas tan diferentes. ¿Sois ricos? No hay ningún mal en ello. ¿Sois ladrones? Os acuso... |
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