Verdades Olvidadas Cuando los hombres se alejan de Dios, se corrompen las costumbres y decae la propia civilización

Cuando se rompen los vínculos que atan al hombre a Dios, que es el legislador y juez supremo y universal, no queda sino la apariencia de una moral meramente profana, o como ellos dicen, de una moral independiente que hace caso omiso de la Razón eterna y de los preceptos divinos y que, por eso, lleva inexorablemente a la última y más desastrosa consecuencia que consiste en la conversión del hombre en norma para sí mismo.

Incapaz ya de elevarse a los bienes sobrenaturales en alas de la esperanza cristiana, solo buscará pastos terrenales en que pueda hartar el hambre de todos los goces y comodidades de la vida, y se aumentará la sed de placeres, el afán de riquezas, el deseo de rápido y excesivo lucro sin atender las reclamaciones de la justicia, se consumirá en ambición y en fiebre de satisfacerla aunque sea mediante el atropello del derecho, y finalmente, llegará al desprecio de las leyes y de la autoridad pública para desembocar en una licencia general de costumbres que traerá consigo un verdadero descalabro de la civilización.

En todos los miembros del organismo social se harán sentir las torturantes consecuencias, comenzando por la familia, pues, el Estado laico, sin atender a los límites de sus derechos y al fin esencial que tiene cada cosa, intervino con su acción para profanar el vínculo matrimonial, despojándolo de su carácter religioso, irrumpió con suma violencia en su derecho primario a la educación de los hijos, destruyó a menudo la indisolubilidad del matrimonio permitiendo legalmente el nefasto divorcio. 

 

Papa León XIII, encíclica Parvenu à la Vingt-Cinquième Année, del 19 de marzo de 1902.

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Tesoros de la Fe N°203 noviembre 2018


Fray Martín de la Caridad ¡Gloria inmortal a tu bendito nombre!
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