|
Plinio Corrêa de Oliveira
Dos salas. La primera pertenece a una construcción de gruesas paredes, como fácilmente se percibe en el marco de las dos ventanas. Vidrios gruesos, fondo de botella, dejan entrar la luz, pero protegen contra el frío. Un fuerte revestimiento de madera, esculpido en uno u otro lugar, y las vigas labradas del techo, dan una impresión de conjunto en que el confort, la solidez y el buen gusto proporcionan el abrigo acogedor de una intimidad doméstica sencilla aunque muy digna. Los muebles sólidos pero agradables acentúan esa nota. La otra sala, cuyo ambiente es marcado por la gran chimenea y por un cuadro religioso, hace sentir idéntica atmósfera. La cunita de madera tallada, los espaldares elegantemente elaborados de las tres sillas que se ven en el primer plano constituyen verdaderos objetos de arte.
Estas dos salas se encuentran en el Tirol. Basta decir esto para que el lector imagine tener frente a sus ojos un albergue de recreo, perdido en la nieve, para uso de turistas riquísimos. Puro engaño. Las fotos presentan los revestimientos de madera y los muebles de habitaciones campesinas austríacas del siglo XVI o XVII. Están conservadas en el Museo de Arte Popular Tirolés, de Innsbruck, Austria. Comparadas a todo cuanto estos ambientes tienen de propicio para la vida de alma y a las conveniencias de salud y confort de los campesinos, ¡a qué distancia quedan tantas presuntuosas, frías y repelentes barriadas de cemento, construidas aquí y acullá por entidades, que desdeñosas de cualquier tradición, se ufanan de ser super modernas! Basta andar por los arrabales de varias grandes ciudades de hoy, para ver tales edificaciones: el transeúnte pasa cerca de ellas y tiene horror de transponer las puertas.
La comparación dice mucho. Ella muestra cuánto hay de errado en imaginar que los siglos de civilización cristiana no conocieron el celo por las clases populares.
|
Santa Rosa de Lima IV Centenario de su gloriosa muerte |
|
Una visita a Genazzano Cuando el autobús que me llevaba a Genazzano se alejó del ajetreado y angustioso tráfico del centro de Roma y pasó por delante de Porta Maggiore, me alegró ver que no llevaba ni un solo turista. Después de varios meses viviendo en Roma, me había acostumbrado a verlos por todas partes... |
|
La dignidad sacerdotal La dignidad del sacerdote es tal, que, según la expresión de san Agustín,* el Hijo de Dios encarna en sus manos como en otro seno de la Virgen... |
|
El despertar de un pueblo, en los confines de Europa Como tantos de nosotros que residimos en Europa, a menudo me pregunto, con cierta tristeza, sobre el evidente declive de la fe cristiana en nuestras sociedades. Nuestras iglesias se están vaciando, nuestras tradiciones están desapareciendo y una cierta letargia parece paralizar los corazones... |
|
La infinita grandeza del Dios Niño EN EL NIÑO JESÚS podríamos considerar, entre muchos aspectos —como, por ejemplo, la pobreza—, la infinita grandeza... |
|
La deslumbrante arquitectura de Praga Existe una arquitectura religiosa y una arquitectura profana. Al hacer tal afirmación, no pretendo afirmar lo que es obvio, sino apenas sentar las bases de algunas consideraciones que merecen tratarse aquí, a propósito de las bellezas deslumbrantes de la ciudad de Praga, capital de la actual República Checa... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino