Ambientes Costumbres Civilizaciones Verdades olvidadas, en la consideración de la naturaleza

Plinio Corrêa de Oliveira

TODA LA NATURALEZA nos habla de Dios, y de la ley moral instituida por Él para el hombre.Ésta es una verdad muy conocida, pero de la cual habitualmente sólo se hacen aplicaciones parcializadas. La influencia del sentimentalismo nos lleva a omitir los aspectos de la naturaleza que instruyen al hombre sobre la belleza del coraje,de la audacia y de todos los predicados, en fin, que él debe poseer en la lucha —en la lucha que, cuando es dirigida contra el mal, constituye un deber sublime. Y el liberalismo nos impide dar la debida atención a todos los aspectos de la naturaleza que nos traen a la mente la propia noción de mal.

*     *     *

¡Cuánto nos habla a respecto de uno u otro punto el reino animal! No es que los animales sean capaces de vicios o virtudes. La serpiente, por ejemplo, es una criatura de Dios absolutamente tan buena cuanto el cordero. No obstante esto, por una serie de riquísimas analogías, por su falsía, su nocividad para el hombre, su marcha rastrera y su poder de seducción, es utilizada como símbolo adecuado de la villanía y de la maldad. Y el cordero, también por una serie de riquísimas analogías, por su blancura, su mansedumbre, su inocencia, es tenido como un adecuado símbolo de Nuestro Señor Jesucristo y del cristiano. Los animales,todos igualmente buenos como obras de Dios, nos instruyen sobre el bien y el mal, para que amemos aquél y odiemos a éste.

Este halcón, que baja majestuoso sobre un conejo que huye despavorido, nos hace sentir la fuerte y noble belleza de la lucha, por ser un admirable símbolo de las virtudes del guerrero: calma, fuerza, agilidad y precisión. Él se mueve en el aire con un equilibrio, una tal soltura, que se diría que la ley de la gravedad no existe para él. Su velocidad está proporcionada de tal manera a la del conejo, que forzosamente lo alcanzará. Sus robustas garras ya están abiertas, su pico también, pero en el auge del ataque el halcón mantiene una altivez simbolizada de modo admirable por las alas noblemente abiertas en un vuelo que se diría idealmente sereno

Ay, dirá un sentimental, y el pobre conejito, ¿será lícito que el halcón lo ataque? No se vaya a irritar demasiado este sentimental, ni con el halcón, ni con nuestra respuesta: es por voluntad de Dios que los animales se comen unos a los otros. Y que los halcones comen conejos… No se debe ver a un animal que devora a otro, como se vería a un antropófago

Dios, que manda a los hombres que se amen unos a los otros, manda en este valle de lágrimas a los animales que se devoren entre ellos, y nos permite que comamos a los animales. Y con esto enseña a los hombres que ellos son inconmensurablemente más que simples animales.

Dios no es igualitario… Otra grande, muy grande lección.

*     *     *

¿Habrá algo que nos haga sentir mejor el horror de la codicia,del orgullo, de la falsía, que la “fisonomía” de la segunda foto? La “frente” baja y huidiza, la postura orgullosa de la cabeza, la mirada fría y “desalmada”, la boca desdeñosa, el pico curvo y agresivo, una movilidad terrible que parece toda hecha para atacar, todo, en fin, infunde horror en este buitre.

Horror, ¿de qué? Del mal moral, que nos aleja de Dios. A un liberal no le gusta pensar en esto. Y porque muchos hombres no son propensos a admitir la existencia del mal, Dios los instruye por símbolos como éste.

Y así, al considerar la naturaleza, se aprende a no ser, ni sentimental, ni liberal.

San Agustín de Canterbury Palabras del director Nº 149 - Mayo 2014 - Año XIII
Palabras del director Nº 149 - Mayo 2014 - Año XIII
San Agustín de Canterbury



Tesoros de la Fe N°149 mayo 2014


La Virgen de Luján
Nº 149 - Mayo 2014 - Año XIII Hacer de los enemigos de la Iglesia mis propios enemigos personales Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción de Luján Función social y sustentación religiosa Entrevista al Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica Recordando algo muy olvidado: la moral católica San Agustín de Canterbury Verdades olvidadas, en la consideración de la naturaleza



 Artículos relacionados
El sombrero En diversas épocas, el sombrero representó un símbolo de la dignidad de quien lo portaba; en nuestros días él aún sobrevive, remitiendo para una visión de la antigua cortesía. Si no llega a sorprender, ciertamente que al verlo, despierta la atención adormecida entre...

Leer artículo

El hábito y el monje Se diría que la afirmación de que el hábito no hace al monje, o que el uniforme no hace al héroe, es al mismo tiempo verdadera y falsa. En efecto, el hombre no se hace monje o militar auténtico tan solo por adoptar la vestimenta propia de ese estado...

Leer artículo

“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” – I Después de escoger a san Pedro como primer Papa y jefe supremo de la Iglesia, Nuestro Señor Jesucristo rezó por él para que su fe no desfalleciera; y, “una vez convertido”, confirmara a sus hermanos...

Leer artículo

San Benito José Labre Benito José nació el 26 de marzo de 1748 en Amettes, en la diócesis de Boulogne, al norte de Francia. Era el mayor de los 15 hijos de Juan Bautista Labre y Ana Bárbara, miembros de la clase media local, que dieron a su numerosa prole una profunda educación religiosa, de manera que varios de ellos siguieron la vocación sacerdotal...

Leer artículo

Una luz que viene del campo Las elecciones realizadas en los últimos meses en importantes países revelan un comportamiento ideológico diferente entre la población de las grandes ciudades y del campo. El voto conservador fue dado sobre todo por el campo...

Leer artículo





Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino