¿Por qué llora Nuestra Señora? ¿Una nueva ofensiva iconoclasta?

El pasado domingo 11 de marzo, los fieles que asisten regularmente a la misa de las 7 de la mañana en la iglesia dedicada a Nuestra Señora de Fátima en el distrito de Miraflores, en Lima, fueron conmovidos al comprobar que la estatua de la Virgen que se venera en el atrio del templo había sido salvajemente destrozada por un sujeto que, según parece, utilizó los floreros que adornaban la imagen para perpetrar el acto vandálico. La noticia se difundió esa misma mañana a todo el país a través de la radio, internet y la televisión, y al día siguiente por los medios escritos.

El autor del atentado, un joven de 25 años con alteraciones mentales, fue identificado por las cámaras de video vigilancia, detenido por la policía y trasladado a la comisaría del distrito, donde fue posteriormente liberado tras comprobarse su estado mental.

Las reacciones fueron muy diversas. Algunos medios se refieren al hecho utilizando las palabras sacrilegio, indignación, protesta, tristeza. Y mientras el alcalde de Miraflores señaló que había que reponer la sagrada imagen a la brevedad posible, el párroco, aunque saludó el gesto, se mostró más preocupado con la salud mental del atacante: “más que reconstruir la imagen hay que reconstruir la imagen rota en un ser humano que es la verdadera imagen y semejanza de Dios”, según declaró a RPP.


En los comentarios a las noticias por internet, no faltaron las absurdas e infundadas calumnias de idolatría por parte de algunos protestantes; las reiteradas embestidas laicistas que propugnan que el culto católico se restrinja a los templos; la inesperada intervención de un lector que se pregunta cuál hubiera sido la reacción si el sujeto se la hubiera emprendido contra un ser humano y no contra la imagen “que lo miró mal”; y —no podía faltar— la indiferencia de los tibios.

Ninguna referencia al mensaje de Fátima. Lo cual es inexplicable en virtud de la advocación de la estatua destruida y las maternales advertencias que la Madre de Dios hizo al mundo entero en 1917. Absolutamente nada sobre la tremenda crisis moral, religiosa y de fe que estamos viviendo, y que precisamente es el tema central del referido mensaje.

Ninguna palabra a respecto del pecado, de castigo o del demonio. Ni un comentario sobre la indiscutible e íntima relación que existe entre pornografía y violencia, entre violencia y drogas. Tampoco una palabra que hable de oración, penitencia o conversión.

¡Cuán lejos estamos de los términos que usó la Santísima Virgen en Fátima! Recordemos algunos de ellas: “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo…”; “Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que muchas almas se van al infierno por no haber quién se sacrifique y pida por ellas…”; “No ofendan más a Dios Nuestro Señor que ya está muy ofendido…”

En cambio, se invoca a una acción sanitaria a favor de nuestro prójimo, que tanto puede ser evangélica como laica. Así, a veces me pregunto si de tanto preocuparnos por nuestro prójimo, no estamos olvidándonos de Dios. Una ofensa a la Virgen, de la naturaleza que fuere, es una ofensa a Dios y clama por una reparación. De lo contrario, ¿no estaremos invirtiendo las cosas y amando al prójimo por encima de Dios? Y el mandamiento lo dice claramente: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Además, al prójimo se le debe amar por amor de Dios y no por un mero sentimiento humanitario que, por más legítimo que sea, siempre será inferior.

El jueves 15 de marzo, un grupo de 60 personas encabezado por el obispo emérito de Chimbote, realizó una vigilia de desagravio frente a la iglesia de Fátima; y, el alcalde del distrito entregó una donación para la restauración de la imagen, fruto de una colecta entre funcionarios y empleados del municipio.

Por nuestra parte, ofrezcamos un acto de reparación a Dios y a la Virgen María por lo sucedido. Ayudemos al prójimo en toda la medida de nuestras posibilidades. Y enfrentemos a los nuevos iconoclastas, que bajo el manto de enfermos mentales u otra cosa, pretendan acabar con “la gloriosa libertad de los hijos de Dios”, según la feliz expresión de San Pablo (cf. Rom. 8, 21). 

Todos somos un poco ateos Reflexiones para la Pascua
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Todos somos un poco ateos



Tesoros de la Fe N°124 abril 2012


Resurrexit! Sicut dixit, alleluia
Nº 124 - Abril 2012 - Año XI Todos somos un poco ateos ¿Una nueva ofensiva iconoclasta? Reflexiones para la Pascua Nuestra Señora de la Esperanza de Pontmain Consideraciones sobre el Padrenuestro – VI San Hermenegildo Tatuajes, graffiti y adornos femeninos La tradición cristiana y la fermentación revolucionaria en la expresión fisonómica



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