Palabras del Director Palabras del Director Nº 295 – Julio de 2026

Estimados amigos:

San Enrique II (973-1024) es el único monarca del Sacro Imperio Romano Germánico elevado a la honra de los altares.

Hijo del duque Enrique de Baviera y de Gisela de Borgoña, fue educado por san Wolfgang, obispo de Ratisbona, y estuvo casado con santa Cunegunda de Luxemburgo. Fue sucesivamente ungido rey de Alemania en 1002, rey de Italia en 1004 y coronado emperador por el Papa Benedicto VIII en Roma, el 14 de febrero de 1014.

De la Bula de su canonización suscrita por el Papa Eugenio III, el 14 de marzo de 1146, podemos destacar los siguientes párrafos:

“Ahora bien, hemos llegado a conocer muchas cosas acerca de su castidad; de la fundación de la diócesis de Bamberg y de muchas otras, así como del restablecimiento de Sedes Episcopales, y de la multiplicidad de sus generosas donaciones; de la conversión del rey Esteban y de toda Hungría, llevada a cabo por él con la ayuda de Dios; de su muerte gloriosa y de los innumerables milagros ocurridos ante su cuerpo después de su fallecimiento.

“Entre otras cosas, consideramos especialmente admirable que él, después de recibir la corona y el cetro del Imperio, haya vivido no como un César, sino como un varón espiritual, y que, viviendo en una legítima unión conyugal, haya conservado, como muy pocos lo han hecho, la castidad hasta el fin de su vida”.

La nobleza ha dado a la Iglesia muchos modelos de santidad. España tiene a san Fernando de Castilla, Francia a san Luis rey, Hungría a san Esteban, Portugal a santa Isabel, etc.

¿Por qué hoy en día las naciones no gozan de autoridades auténticamente cristianas y ejemplos de virtud? Porque es necesario formar ciudadanos virtuosos, fortalecer instituciones tutelares y pedir insistentemente a Dios que conceda a los pueblos pastores y gobernantes según su corazón.

En Jesús y María,

El Director

Volviendo del mercado No confundamos humildad con debilidad
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Palabras del Director Nº 295 – Julio de 2026 No confundamos humildad con debilidad Cómo la Virgen María nos devolvió el color azul San Enrique II ¿En qué consiste la indefectibilidad de la Iglesia? Volviendo del mercado



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