No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3, 8) a los hombres de nuestra época. No hay empresa más noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. ¿Quién, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; quién, decimos, no arderá en caridad y dejará de prestar gustosamente su ayuda? Todo el que pertenece a la milicia de Cristo, sea clérigo o seglar, ¿por qué no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa más enérgica de nuestra causa viendo crecer sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina engañosa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que esta se lleve a la práctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que ha brotado del sermón de la montaña y de la cruz de Cristo? Todos, sin duda, saben muy bien, no sin hondo dolor, que los gérmenes de estos errores producen una trágica cosecha en aquellos que, si bien en los días de calma y seguridad se confesaban seguidores de Cristo, sin embargo, cuando es necesario resistir con energía, luchar, padecer y soportar persecuciones ocultas y abiertas, cristianos solo de nombre, se muestran vacilantes, débiles, impotentes, y, rechazando los sacrificios que la profesión de su religión implica, no son capaces de seguir los pasos sangrientos del divino Redentor.
S. S. Pío XII, encíclica Summi Pontificatus, n.º 6, 20 de octubre de 1939.
|
Lección de fe y confianza en el Sagrado Corazón |
|
Jesús perdona a la Magdalena María Magdalena pertenecía a una rica familia de Betania. Tenía un hermano llamado Lázaro, y una hermana llamada Marta, ambos de mucha virtud. Ella, sin embargo, se dejó alucinar por el mundo y se volvió una pecadora pública. Movida por la gracia divina, fue a pedir perdón de sus culpas al Salvador... |
|
¿Deberíamos pedir a nuestros párrocos que reabran las iglesias? En vista de las limitaciones en el contacto social impuestas en relación con la pandemia de coronavirus, pregunto al ilustre sacerdote si la actitud radical de cerrar las iglesias puede considerarse correcta... |
|
Taller de costura en Bretaña Plena actividad en este taller de costura en Bretaña (Francia). Junto al ventanal, con los visillos levantados para aprovechar mejor la luz del día... |
|
Confianza en María Inmaculada aun cuando todo parezca perdido El 11 de febrero de 1858 la familia de santa Bernadette Soubirous se enfrentó a una nueva jornada de penurias humillantes en su vida cotidiana... |
|
Una multitud de almas que caen en el infierno Igualmente me obliga a predicar sin parar el ver la multitud de almas que caen en los infiernos, pues es de fe que todos los que mueren en pecado mortal se condenan…... |
Promovido por la Asociación Santo Tomás de Aquino