Por primera vez en casi 400 años, un monarca británico reinante asistió oficialmente al solemne réquiem de un miembro católico de la familia real en la catedral de Westminster, en Londres, sede del arzobispo primado católico de Inglaterra y Gales. A continuación, el féretro fue trasladado siguiendo un ceremonial de gala al cementerio real de Frogmore, en Windsor. Fue la pomposa despedida de Su Alteza Real la duquesa Katharine de Kent. La presencia oficial del rey Carlos III y de toda la familia real fue algo nunca visto desde la desastrosa reforma protestante. El último miembro católico de la familia real fue el rey Carlos II, fallecido en 1685, convertido in articulo mortis. Desde la imposición del protestantismo, luego de la apostasía formal del rey Enrique VIII secundado por el episcopado, los católicos vivieron bajo un régimen de persecución y prohibición. En ese período, numerosos mártires, entre ellos santo Tomás Moro, partieron al Cielo. La inicua Acta de Establecimiento (Act of Settlement), de 1701, prohibía a un heredero real casarse con una persona católica y no permitía la conversión de un miembro de la realeza al catolicismo. La Ley de Sucesión a la Corona de 2013 eliminó estas restricciones. La duquesa de Kent —cuyo nombre de nacimiento era Katharine Lucy Mary Worsley— se casó con el príncipe Eduardo, duque de Kent, primo hermano de la reina Isabel II y nieto del rey Jorge V. Ella se convirtió a la Iglesia Católica en 1994, con la aprobación y el apoyo permanente de la misma reina, que había manifestado inclinación por el catolicismo.
Admirada por su encanto natural y su compasión por los enfermos, la duquesa de Kent era muy querida. Su popularidad se veía reforzada por su propio sufrimiento personal y su naturaleza modesta. El locutor católico británico Colin Brazier destacó que “en un mundo de ostentación, autopromoción y vanidad, Katharine era una figura pública de genuina humildad, incluso santidad”. El hijo de la duquesa, lord Nicholas Windsor; su nieto, lord Downpatrick, y su nieta, lady Marina Windsor, también se han convertido al catolicismo. La BBC recogió la siguiente explicación de la duquesa: “Me encantan las directrices y la Iglesia Católica las ofrece. Siempre he deseado eso en mi vida. Me gusta saber qué se espera de mí. Me gusta que me digan: ¡Debes ir a la iglesia el domingo y, si no lo haces, ya verás lo que te espera!”. La inusitada pompa fúnebre reavivó las esperanzas de conversión de Inglaterra, anunciadas por la Santísima Virgen y muchos santos. El vidente Maximino Giraud (1835-1875) escuchó de Nuestra Señora en La Salette que “un gran país del norte de Europa, ahora protestante, se convertirá; con el apoyo de esta nación, todos los demás países se convertirán”. Durante el interrogatorio al que fue sometido el 5 de agosto de 1853, aclaró: “Inglaterra será el instrumento por el cual todas las naciones del universo se convertirán”. El rey san Eduardo el Confesor (1003-1066), en su lecho de muerte en el Palacio Real, dijo en tono confidencial: “Dios, en su ira, enviará al pueblo inglés espíritus malignos que lo castigarán … Pero debe volver a sus raíces originales, florecer nuevamente y dar abundantes frutos”. El venerable Bartolomé Holzhauser (1613-1658), famoso por sus dones proféticos, dijo que “Inglaterra volverá algún día a la fe católica, prestando entonces a la religión servicios aún mayores que después de su primera conversión”. Por su parte, san Juan María Vianney (1786 -1859) decía: “Estoy seguro de que la Iglesia de Inglaterra recuperará su antiguo esplendor”. Don Bosco (1815-1888)escuchó decir al agonizante santo Domingo Savio: “Vi al Sumo Pontífice Pío IX … llevando en su mano derecha una antorcha llameante … Esta luz es la religión católica que debe inundar a Inglaterra”. El beato Pío IX (1792-1878) comentó esta visión: “Esto me confirma en el propósito de trabajar enérgicamente en favor de Inglaterra, por la que ya dedico mis más vivas solicitudes”. San Pablo de la Cruz (1694-1775), fundador de los Pasionistas, señaló: “Hace ya 50 años que rezo por la conversión de Inglaterra … llegará el día en que Dios, en su bondad, la traerá de nuevo a la verdadera fe”. Un año antes de su fallecimiento, Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995) dedicó a la duquesa Katharine un ejemplar de su último libro —Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana— con las siguientes palabras: “A Su Alteza la duquesa de Kent, en homenaje por su feliz conversión a la Santa Iglesia Católica”, seguida de su firma. En aquella ocasión el recordado líder católico afirmó: “La conversión de la duquesa de Kent ha tenido el efecto de un rayo saludable en el ambiente inglés”. Por primera vez en casi 400 años, un monarca británico reinante asistió oficialmente al solemne réquiem de un miembro católico de la familia real en la catedral de Westminster, en Londres, sede del arzobispo primado católico de Inglaterra y Gales. A continuación, el féretro fue trasladado siguiendo un ceremonial de gala al cementerio real de Frogmore, en Windsor. Fue la pomposa despedida de Su Alteza Real la duquesa Katharine de Kent. La presencia oficial del rey Carlos III y de toda la familia real fue algo nunca visto desde la desastrosa reforma protestante. El último miembro católico de la familia real fue el rey Carlos II, fallecido en 1685, convertido in articulo mortis. Desde la imposición del protestantismo, luego de la apostasía formal del rey Enrique VIII secundado por el episcopado, los católicos vivieron bajo un régimen de persecución y prohibición. En ese período, numerosos mártires, entre ellos santo Tomás Moro, partieron al Cielo. La inicua Acta de Establecimiento (Act of Settlement), de 1701, prohibía a un heredero real casarse con una persona católica y no permitía la conversión de un miembro de la realeza al catolicismo. La Ley de Sucesión a la Corona de 2013 eliminó estas restricciones. La duquesa de Kent —cuyo nombre de nacimiento era Katharine Lucy Mary Worsley— se casó con el príncipe Eduardo, duque de Kent, primo hermano de la reina Isabel II y nieto del rey Jorge V. Ella se convirtió a la Iglesia Católica en 1994, con la aprobación y el apoyo permanente de la misma reina, que había manifestado inclinación por el catolicismo. Admirada por su encanto natural y su compasión por los enfermos, la duquesa de Kent era muy querida. Su popularidad se veía reforzada por su propio sufrimiento personal y su naturaleza modesta. El locutor católico británico Colin Brazier destacó que “en un mundo de ostentación, autopromoción y vanidad, Katharine era una figura pública de genuina humildad, incluso santidad”. El hijo de la duquesa, lord Nicholas Windsor; su nieto, lord Downpatrick, y su nieta, lady Marina Windsor, también se han convertido al catolicismo. La BBC recogió la siguiente explicación de la duquesa: “Me encantan las directrices y la Iglesia Católica las ofrece. Siempre he deseado eso en mi vida. Me gusta saber qué se espera de mí. Me gusta que me digan: ¡Debes ir a la iglesia el domingo y, si no lo haces, ya verás lo que te espera!”. La inusitada pompa fúnebre reavivó las esperanzas de conversión de Inglaterra, anunciadas por la Santísima Virgen y muchos santos. El vidente Maximino Giraud (1835-1875) escuchó de Nuestra Señora en La Salette que “un gran país del norte de Europa, ahora protestante, se convertirá; con el apoyo de esta nación, todos los demás países se convertirán”. Durante el interrogatorio al que fue sometido el 5 de agosto de 1853, aclaró: “Inglaterra será el instrumento por el cual todas las naciones del universo se convertirán”.
El rey san Eduardo el Confesor (1003-1066), en su lecho de muerte en el Palacio Real, dijo en tono confidencial: “Dios, en su ira, enviará al pueblo inglés espíritus malignos que lo castigarán … Pero debe volver a sus raíces originales, florecer nuevamente y dar abundantes frutos”. El venerable Bartolomé Holzhauser (1613-1658), famoso por sus dones proféticos, dijo que “Inglaterra volverá algún día a la fe católica, prestando entonces a la religión servicios aún mayores que después de su primera conversión”. Por su parte, san Juan María Vianney (1786 -1859) decía: “Estoy seguro de que la Iglesia de Inglaterra recuperará su antiguo esplendor”. Don Bosco (1815-1888)escuchó decir al agonizante santo Domingo Savio: “Vi al Sumo Pontífice Pío IX … llevando en su mano derecha una antorcha llameante … Esta luz es la religión católica que debe inundar a Inglaterra”. El beato Pío IX (1792-1878) comentó esta visión: “Esto me confirma en el propósito de trabajar enérgicamente en favor de Inglaterra, por la que ya dedico mis más vivas solicitudes”. San Pablo de la Cruz (1694-1775), fundador de los Pasionistas, señaló: “Hace ya 50 años que rezo por la conversión de Inglaterra … llegará el día en que Dios, en su bondad, la traerá de nuevo a la verdadera fe”. Un año antes de su fallecimiento, Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995) dedicó a la duquesa Katharine un ejemplar de su último libro —Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana— con las siguientes palabras: “A Su Alteza la duquesa de Kent, en homenaje por su feliz conversión a la Santa Iglesia Católica”, seguida de su firma. En aquella ocasión el recordado líder católico afirmó: “La conversión de la duquesa de Kent ha tenido el efecto de un rayo saludable en el ambiente inglés”.
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