Benoît Bemelmans Un cardenal romano lee una carta, mientras que en una actitud respetuosa el fraile franciscano que la ha traído espera la respuesta. El gato ronronea sobre las rodillas del cardenal, que tiene a su alcance una pequeña copa de licor, o quizás de grappa, el delicioso orujo italiano. Abierto sobre la mesa, junto a una campana de plata, está el breviario cuya lectura había sido interrumpida por la llegada del mensajero. La luz que entra por la ventana muestra un gabinete amoblado con gusto, cuyo principal adorno es el tapiz del fondo. La atmósfera de este cuadro pintoresco evoca el equilibrio temperamental y la afabilidad, frutos de la práctica de la virtud puesta al servicio de la Iglesia.
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1917 La Revolución Comunista Rusia esparcirá sus errores por el mundo |
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El cazador de venados En aquella abrasadora zona que con el nombre de Tierra Caliente atraviesa a Méjico de Oriente a Poniente... |
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Tarde estival en la playa de Skagenna Informal pero elegantemente vestidos, Severin Krøyer, el pintor del cuadro, y su esposa, Marie Triepcke, también artista, pasean a lo largo de esta dilatada playa de Skagen (Dinamarca), en el crepúsculo de una serena tarde de verano, acompañados por su perro rap... |
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El pecado hace desgraciados a los pueblos Ciertamente que Dios nunca ni por nada abandona a su Iglesia; por lo cual nada tiene esta que temer de la maldad de los hombres. Pero no puede prometerse igual seguridad a las naciones cuando van degenerando de la virtud cristiana... |
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Pedro, cabeza de la Iglesia Muchas veces, manifestó Jesús que elegía a Pedro como cabeza de su Iglesia... |
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Un solo corazón y una sola alma Cuán dichosos son los esposos que pueden decir: “¡Nos hemos amado por nuestras ideas; no hemos visto sino a Dios, y nos hemos unido para servirle mejor!”. Tal es el amor cristiano... |
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