Lectura Espiritual Al alma angustiada

Cuadro de Nuestra Señora de la Confianza, que se venera en el Seminario Romano.
A propósito de él, la Madre de Dios hizo la siguiente promesa a la Hna. Clara Isabel Fornari (1697-1744):
«Todas las almas que con confianza, se presenten delante de esta imagen, obtendrán verdadero conocimiento, dolor y arrepentimiento de sus pecados, y la Santísima Virgen les concederá una particular devoción y ternura hacia Ella»
(La Madonna della Fiducia, P. Roberto Mais, Roma. Editrice Sallustiana, 1948).


Afirmaba San Francisco de Paula: “Un hombre sin oración no es capaz de nada”.

Si la oración consiste en la elevación de la mente a Dios, aquel que tiene el hábito de las lecturas espirituales, al mismo tiempo que se instruye, reza.

Como marco inicial de esta sección, nos pareció oportuno presentar a los participantes de la campaña ¡El Perú necesita de Fátima! las palabras introductorias de una obra prima en el campo de la lectura espiritual —El Libro de la Confianza— del renombrado autor francés, el R. P. Thomas de Saint Laurent.

Sus palabras parecen escritas ex profeso para auxiliarnos vigorosamente a transponer con espíritu de fe, paz de alma, y sobre todo, confianza, los amargos días que vivimos, en previsión al triunfo del Inmaculado Corazón de María, anunciado por la Virgen en Fátima.

*     *     *

“Voz de Cristo, voz misteriosa de la gracia que resonáis en el silencio de los corazones, Vos murmuráis en el fondo de nuestras conciencias palabras de dulzura y de paz. A nuestras miserias presentes repetís el consejo que el Maestro daba frecuentemente durante su vida mortal: «¡Confianza, confianza!»

“Al alma culpable, oprimida bajo el peso de sus faltas, Jesús decía: «Confía, hijo; tus pecados te son perdonados» (Mt. 9, 2). «Confianza», decía también a la enferma abandonada que sólo de Él esperaba curación, «tu fe te ha sanado» (Mt. 9, 22). Cuando los Apóstoles temblaban de pavor viéndole caminar, por la noche, sobre el lago de Genesaret, Él les tranquilizaba con esta expresión pacificadora: «Tened confianza, soy Yo, no temáis» (Mc. 6, 50). Y en la noche de la Cena, conociendo los frutos infinitos de su sacrificio, Él lanzaba, al partir hacia la muerte, el grito de triunfo: «¡Confiad! ¡Confiad! ¡Yo he vencido al mundo!» (Jn. 26, 33).

“Esta palabra divina, al salir de sus labios adorables, vibrante de ternura y de piedad, obraba en las almas una transformación maravillosa. Un rocío sobrenatural les fecundaba la aridez, rayos de esperanza les disipaban las tinieblas, una tranquila serenidad ahuyentaba de ellas la angustia. Pues las palabras del Señor son «espíritu y son vida» (Jn. 6, 64). «Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lc. 2, 28).

“Como antaño a sus discípulos, ahora es a nosotros a quienes Nuestro Señor convida a la confianza. ¿Por qué rehusaríamos atender su voz?”     


Rvdo. Padre

Raymond de

Thomas de

Saint Laurent

Nació en Lyon, Francia, el 7 de mayo de 1879 y falleció el 11 de noviembre de 1949, en el Carmelo de Uzès, donde fue capellán.
En su fecunda vida sacerdotal ejerció una prodigiosa actividad apostólica, distinguiéndose desde muy temprano como insigne predicador y escritor.
Entre sus múltiples actividades como sacerdote, se destacan las

que ejerció como capellán de la Juventud Católica, desde 1912, y como Misionero Apostólico, a partir de 1919.
En 1920, fue nombrado Canónigo honorario de la Catedral de Nimes y, cinco años después, Capellán del Carmelo de Uzès.
Como escritor publicó diversas obras. El Libro de la Confianza es considerado una obra prima en su género.




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Tesoros de la Fe N°1 enero 2002


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